lunes, 2 de febrero de 2015

Prostitución inmigrantes gallegas y otras mujeres en riesgo





 Joaquín Nicolás Aramburu 


 Dos peregrinos proyectos de ley se presentaron en nuestra Cámara Baja durante el mes que hoy termina; uno bien inspirado, pero absurdo; otro absurdo y mal inspirado.

 El primero: un censo general de las mujeres en cinta. El representante proponente cree evitar así que se cometan infanticidios por medio del aborto criminal, y a la vez piensa favorecer a las madres, impidiendo que se las obligue a ciertos trabajos rudos que ponen en peligro sus vidas durante los últimos meses de la preñez, porque patronos, municipios y gobierno las auxilien, si de obreras míseras se trata. Pero el proponente olvida que la criminal mujer que tenga resuelto ocultar su falta y no criar al fruto de su extravío, no confesará estar en cinta, y el delito será.

 En cambio, eso de averiguar casa por casa, no solo el estado de gestación de cada esposa honrada, sino los casos de extravío, las caídas misteriosas de jovencitas y el deshonor de padres que bastante desgracia tendrán, con él, para llevar sus nombres a las oficinas y sus penas al comentario callejera, no puede ser aplaudido por quien respete la desdicha ajena.

 Segundo proyecto: que se suprima el uso de la sal en los bautizos católicos. El legislador que esto propone, ha querido que se eche petróleo en las pilas de agua bendita de los templos, so pretexto de higiene; ahora supone que en los dedos del párroco, que pone un poquito de sal en los labios del neófito, puede ir el germen de una enfermedad transmisible, como si los párrocos no se lavaran las manos, como si en el pecho de las nodrizas, y en los biberones que chupan los infantes, hubiera practicado sus medidas desinfectantes la sanidad cubana (...)
 



 Uno de los factores más eficaces del desarrollo de la prostitución, que ya en nuestra capital es escandaloso, consiste en la facilidad con que se realiza la trata de blancas. Como si por desgracia el lujo, los vicios y las nuevas orientaciones en la educación doméstica, no fueran causa de que ya se produzca en el país suficiente carne de burdeles, la importación de prostitutas constituye lucrativa industria. Agentes expertos —particularmente franceses— burlando la ley de inmigración, seducen y conquistan en Europa a muchachas frágiles y las traen al mercado de Cuba, Como aquí no se exigen ciertos requisitos, en son de turistas suelen venir falsos matrimonios extranjeros; el supuesto marido es un souteneur vil, y la mentida esposa una desdichada más. Así hay siempre mercancía fresca, que unos cuantos infames explotan.

 A contener ese mal, y su secuela de corrupción de jóvenes nativas, tiende un proyecto de ley presentado al Senado por el doctor Maza y Artola. ¿Será aprobado? Desconfío mucho de la acción moralizadora de nuestro legislativo, generalmente entregado a luchas de bajo vuelo cuando no de funesta holganza.

 Si quisiera Ferrara, en vez de  divorcista, fuera campeón decidido de las viejas tradiciones criollas...!



 En una de mis anteriores decía a ustedes que un decreto presidencial, suspendiendo temporalmente los requisitos de la ley de inmigración, estaba inundando el país de chinos falsamente declarados estudiantes y gente de comercio; y, en amor a mi raza y deseo legítimo de que no se complique con nuevos factores el estado de heterogeneidad de este pueblo, censuraba la condescendencia que, favoreciendo la entrada de inmigrantes que no se confunden con la población blanca, solo atendía a abaratar un tanto los jornales con daño del obrero nativo.

 Que yo tenía razón lo prueba que el mismo gobierno, por miedo de sus inspectores de inmigración, está deteniendo a numerosos asiáticos, que ni comercian ni estudian, sino que se han contratado por pequeños sueldos para las faenas agrícolas. Se dice que muchos serán reembarcados.

 ¿No habría sido más cuerdo impedir que vinieran?

 Pues estas son mis censuras, siempre inspiradas en sanos propósitos.

 Cuando escribo ésta se discute en el Senado la moralizadora ley del doctor Maza y Artola, contra el proxenetismo, la corrupción de la mujer y en general contra la prostitución, ya alarmante y escandalosa. En la discusión intervienen senadores de alto prestigio jurídico. Y es sensible a mi ver que no todo sean facilidades para llegar a un acuerdo salvador de las costumbres públicas, sino que triquiñuelas de abogados y rivalidades de políticos, entorpezcan una medida para la cual claman de consuno el prestigio da la República y la honra de nuestros hogares que la ola de cieno cerca y amenaza.



 En la prensa de la Habana he tenido el honor de sumarme a la propaganda de algunos periódicos regionales en defensa de la mujer española, de esa infeliz que suele venir sola, esperanzada en el apoyo de algún paisano o pariente, y a veces confiada en sí misma, para dedicarse a los quehaceres de sirvienta o a las obligaciones de nodriza.

 Particularmente proceden ellas del Noroeste de España. Últimamente La Voz Montañesa publicó un vibrante artículo a ese respecto, censurando que mientras se gasta mucho dinero y se emplean muchas energías en palacios, alfombras, lujo y alardes, se desatienda a esa pobre inmigrante, que acaso sus mismos paisanos empujan a la caída y precipitan en eterna desgracia.

 Y llega y llega más carne propicia, más inocencias quebradizas, más jovencitas, habituadas en España a cierta libertad individual y cierta resolución callejera, para ser presas de Tenorios de barrio y hundirse al cabo en los horrores de la prostitución. Entiendo que eso es inhumano, antipatriótico, y deprimente para cuantos, pudiendo impedirlo, lo consienten.

 En El Diario de la Marina he cumplido el deber de amigo de España y de cubano ganoso de la moral social, excitando los sentimientos de los directores de las sociedades regionales a fin de que presten atención a un problema cuya continuación perjudica al nombre español en América.

 Más dispuestas que las mujeres del país a dejarse llevar de ciertos falsos espejismos de lujo y bienestar, por lo mismo que desconocen las costumbres tropicales y se ilusionan con la relativa abundancia del medio en que vienen a vivir, no es nuestro gobierno, es la colonia española quien puede defenderíais y ampararlas.

 Confío en que lo hará.




 En el Senado ha triunfado el proxenetismo: cuidado, que no pronuncio yo esa frase: la dijo a gritos el senador muy cívico doctor Maza y Artola, y la ha repetido toda la prensa de información, para que en el extranjero la oigan.

 Alarmante el crecimiento de la prostitución, aún más desde que se suprimió la reglamentación del vicio; escandalosa la trata de blancas, frecuentes las acusaciones por delitos de ese género, y evidente que muchas docenas de personas de ambos sexos viven explotando eso como una industria casi lícita, el señor Maza y Artola presentó un proyecto de ley para cortar -el mal de raíz y evitar la transmisión de ciertas dolencias.

 La opinión pública y algunos de sus órganos en la prensa, no han cesado de excitar al laborioso senador para que defendiera su proyecto. Pero a pesar del largo tiempo transcurrido, y de haberse repartido copias de 63, los senadores no han estudiado el asunto, puesto que, con ese proyecto que suspendido el debate, y fue derrotada la proposición de un breve aplazamiento, acordando la mayoría que quede por tiempo indefinido el asunto sobre la mesa; es decir, que se le condene a indefinida prescripción.



 Extractos de “Cartas de Cuba”, La Vanguardia, 1914-15.