jueves, 10 de octubre de 2013

Muerte de Diwaldo Salom y caricatura de Rafael Blanco





  El cónsul de Cuba en Palma de Mallorca muere abrasado

 Cuando fumaba en el lecho, ardieron las ropas y colchones

 PALMA DE MALLORCA 10.—Esta madrugada, los vecinos que ocupan la casa de la calle del Sol, donde está, el Consulado de Cuba, vieron que salía humo de las habitaciones del cónsul y pidieron auxilio a un vigilante nocturno. Como nadie contestase a las llamadas que se hicieron, las autoridades ordenaron que se abriese violentamente la puerta y penetraron en la casa y después en la habitación donde descansaba el cónsul, don Diwaldo Salom, que se hallaba entre llamas quejándose con voz desfallecida.
 Recogido, fue trasladado con urgencia a la Casa de Socorro, donde se le practicó la primera cura, y luego, con grandes precauciones, se le llevó al hospital, donde falleció a las cinco y media de la mañana.
 Según las manifestaciones algo confusas que pudo hacer la víctima, se supone que el incendio lo provoco un cigarro que fumaba aquél ya metido en la cama. La muerte del señor Salom ha sido muy sentida.

 La Época, viernes 10 de febrero de 1928.


  Incendio en el edificio del Consulado de Cuba en Palma de Mallorca

  EL CÓNSUL MUERE ENTRE LAS LLAMAS

 PALMA DE MALLORCA 10 (11,40 m.).—Esta madrugada, los vecinos que viven en la casa en que se halla instalado el Consulado de Cuba observaron que de éste salía gran cantidad de humo. Como a pesar de las reiteradas llamadas que se hicieron para que los habitantes del Consulado abrieran la puerta de la habitación nadie contestaba, hubo necesidad de forzarla. Una vez dentro del cuarto, se encontró al cónsul, Diwaldo Salom, tendido en la alcoba, envuelto en llamas y quejándose con voz desfallecida.
 Rápidamente fue conducido a la Casa de Socorro, donde se le prestó asistencia; pero su estado era de tal gravedad, que falleció al ser conducido al hospital.
 Parece que el incendio fue originado por una punta de cigarro que debió de caer en la cama al quedarse dormido el Sr. Salom, y hay quien lo relaciona con el hecho de que el cónsul hubiera dado recientemente pruebas de tener perturbadas sus facultades mentales.
 La víctima vivía sola, pues las personas a su servicio se ausentaban de la casa al llegar la noche.
 De los asuntos del Consulado se ha hecho cargo el canciller, D. Rogelio L. de Mora.

  La voz, 10 de febrero, 1928.