lunes, 20 de abril de 2020

Carta abierta a Pablo Neruda



  La Habana, 25 de julio de 1966, Año de la Solidaridad.

  Compañero Pablo:

 Creemos deber nuestro darte a conocer la inquietud que ha causado en Cuba el uso que nuestros enemigos han hecho de recientes actividades tuyas. Insistiremos también en determinados aspectos de la política norteamericana que debemos combatir, para lo cual necesitamos contar con tu colaboración de gran poeta y militante revolucionario.
 No se nos ocurriría censurar mecánicamente tu participación en el Congreso del Pen Club, del que podían derivarse conclusiones positivas, ni siquiera tu visita a los Estados Unidos, porque también de esa visita podían derivarse resultados positivos para nuestras causas. Pero ¿ha sido así? Antes de responder, convendría interrogarse sobre las razones que pueden haber movido a los Estados Unidos, tras veinte años de rechazo, a concederte visa. Algunos afirman que ello se debe a que se ha iniciado el fin de la llamada "guerra fría". Sin embargo, ¿en qué otro momento de estos años, desde la guerra de Corea, un país socialista ha estado recibiendo la agresión física sistemática que padece hoy Viet Nam? Los últimos golpes de Estado organizados con participación norteamericana en Indonesia, Ghana, Nigeria, Brasil, Argentina,  son la prueba de que hemos entrado en un período de armoniosa convivencia en el planeta? Nadie con decoro puede sostener este criterio. Si a pesar de esa situación los Estados Unidos otorgan ahora visas a determinados izquierdistas ello tiene pues otras explicaciones: en unos casos, porque tales izquierdistas han dejado de serlo, y se han convertido, por el contrario, en diligentes colaboradores de la política norteamericana y en otros, en que sí se trata de hombres de izquierda (como es el caso tuyo, y el de algunos participantes más del congreso) porque los Estados Unidos esperan obtener beneficios de su presencia, por ejemplo, hacer creer, con ella, que la tensión ha aflojado, hacer olvidar los crímenes que perpetran en los tres continentes subdesarrollados (y los que , están planeando cometer como en Cuba) y sobre  todo, neutralizar la oposición creciente a su política entre estudiantes e intelectuales no sólo latinoamericanos, sino de su propio país. Jean Paul Sartre rechazó, hace algún tiempo, una invitación a visitar los Estados Unidos, para impedir ser utilizado, y dar además una forma concreta a su repudio a la agresión norteamericana a Viet Nam. Aunque sabemos de tus declaraciones políticamente justas y de otras actividades positivas tuyas, existen razones para creer, Pablo, que eso es lo que ha querido hacerse, y se ha hecho, con tu reciente visita a Estados Unidos: utilizarla en favor de su política.

 "Coexistencia literaria"

 En ese órgano de propaganda imperialista que es Life en español (título que es toda una definición: un verdadero programa) su colaborador Carlos Fuentes, cuya firma nos ha sorprendido allí, reseña el congreso a que asiste, bajo el título: "El PEN: entierro de la guerra fría en literatura" (agosto 1, 1966). Una de las figuras más destacadas de ese supuesto entierro, se dice, eres tú. De paso nos enteramos también, gracias a ese artículo, de que la mesa redonda del grupo latinoamericano fue presidida por Emir Rodríguez Monegal, a quien Fuentes llama impertérrito "U Than de la literatura hispanoamericana", y a quien con igual chatura metafórica pero con más precisión, cabría llamar: "Ouísling de la literatura hispano-americana". Como sabes, a Rodríguez Monegal le ha encomendado dirigir su nueva revista en español (después de fallecido Cuardernos) el Congreso por la libertad de la cultura organismo financiado por la CIA. Según informó el propio New York Times (edición internacional, 28 de abril de 1966).
 Es inaceptable que entonemos loas a una supuesta coexistencia pacífica y hablemos del fin de la guerra fría en cualquier campo, en el mismo momento en que tropas norteamericanas, que acaban de agredir al Congo y a Santo Domingo, atacan salvajemente a Viet Nam y se preparan para hacerlo de nuevo en Cuba (directamente o a través de sus cipayos latinoamericanos). Para nosotros, los latinoamericanos, para nosotros, los hombres del tercer mundo, el camino hacia la verdadera coexistencia y la verdadera liquidación de la guerra (fría y caliente) pasa por las luchas de liberación nacional, pasa por las guerrillas, no por la imposible conciliación. Como la condición primera para coexistir es existir, la única coexistencia pacífica en la que podemos creer es la integral, de que habló en El Cairo el presidente Dorticós, la que garantizara no sólo que no cayeran bombas en New York y Moscú, sino tampoco en Hanoi ni en La Habana, la que permitiera la absoluta liberación de todos nuestros pueblos, los más pobres y numerosos de la tierra. "Aspiramos", como ha dicho Fidel, "a un mundo donde la igualdad de derechos prevalezca lo mismo: para los grandes que para los pequeños". No somos demócratas cristianos, no somos reformistas, no somos avestruces. Somos revolucionarios. Creemos con la Segunda Declaración de La Habana que "el deber de un revolucionario es hacer la revolución", y que cumpliendo ese deber, y sólo así, nos será dable existir -y coexistir-, dar fin a todas las guerras.
 No basta con denunciar verbalmente las agresiones más obvias, no basta con deplorar, por ejemplo, la criminal guerra de Viet Nam: ésta es sólo una forma, particularmente horrible, de la política yanqui. Otros pasos, previos, la han hecho posible. Hay que negarse también a respaldar esos pasos. Y, llegado el caso, apoyar a quienes, frente a la violencia opresora, desencadenan la violencia revolucionaria.

 Júbilo imperialista

 La prueba de que los imperialistas norteamericanos entienden que tu viaje les ha sido ampliamente favorable, es el júbilo manifestado en torno a tu visita por voceros norteamericanos como Life en Español y La Voz de los Estados Unidos de América. Si ellos sospecharan que tú habías servido con tu visita a la causa de los pueblos, ¿se hubieran regocijado igualmente? Por eso nos preocupa que hayan podido utilizarte de este modo. Que algunos calculadores se presten a ese papel, mediante prebendas directas o indirectas, es entristecedor, pero nada más. Pero que tú, grande de veras en la profunda y original tarea literaria, y grande en la postura política, que un hombre insospechable de cortejar tales prebendas, pueda ser utilizado para esos fines, lo creemos más que entristecedor, lo creemos grave, y consideramos nuestro deber de compañeros el señalártelo.
  Pero si tu visita a los Estados Unidos fue utilizada en ese sentido, aunque cabría haber obtenido con ella otros resultados, ¿qué interpretación positiva puede dársele EI a tu aceptación dé una condecoración impuesta por el gobierno peruano, y tu cordial almuerzo con el presidente Belaúnde?
 ¿Qué habrías pensado tú, Pablo, del escritor de nuestra América, de la figura política de nuestra América, que se hubiera prestado a que Gabriel González Videla lo condecorara, y que departiera cordialmente con él, mientras tú estabas en el exilio? ¿Hubieras creído que ello fortalecía los nexos entre Chile y el país de ese escritor? ¿Le hubieras concedido a Gabriel González Videla el honor de representar a Chile, mientras tú, por ser auténtico representante de tu pueblo estabas desterrado? Por eso no te costará trabajo imaginar lo que en estos momentos piensan y sienten no sólo los desterrados, sino los guerrilleros que, en las montañas del Perú, luchan valientemente por la liberación de su país, los numerosos presos políticos que, por pensar como aquellos, yacen en cárceles peruanas -algunos, como Héctor Béjar, muriendo lentamente; los que viven bajo la amenaza de la pena de muerte impuesta en su tierra a los nuevos libertadores; los seguidores de Javier Heraud, Luis de la Puente, Guillermo Lobatón, cuya sangre se ha sumado a la de los mártires que tú cantaste en grandiosos poemas. ¿Aceptarán ellos que el gobierno de Belaúnde, al imponerte la medalla (a sugerencia de la organización que sea) ha podido hacerlo a nombre del Perú? No son esos gobernantes, sino ellos, quienes ostentan la verdadera representación del Perú. Así como a Chile la  representan los mineros asesinados, Recabarren, el Neruda que en el destierro nos dio el admirable Canto general, los grandes líderes populares de ese gran pueblo tuyo, y no González Videla y Frei. Este último ha sido escogido por los yanquis como cabeza del reformismo (hasta le dejan mantener relaciones con la URSS) del mismo modo que los gorilas del Brasil, y últimamente de Argentina, son cabeza del militarismo: pero unos y otros, con distintos métodos, tienen un mismo fin: frenar o aplastar la lucha de liberación. No son Perú y Chile quienes fortalecen sus vínculos gracias a esos actos tuyos, sino Belaúnde y Freí: el imperialismo yanqui.

  Compra del intelectual

  Porque es evidente, Pablo, que quienes se benefician con estas últimas actividades tuyas, no son los revolucionarios latinoamericanos, ni tampoco los negros norteamericanos, por ejemplo, sino quienes propugnan la más singular coexistencia a espaldas de las masas desposeídas, a espaldas de los luchadores. Es una coexistencia que se reserva para la pequeña burguesía reformista, los que quieren marxismo sin revolución, y los intelectuales y escritores latinoamericanos, negados hasta ahora, humillados, desconocidos y estafados. Los imperialistas han ideado una nueva· manera de comprar esa materia prima de nuestro continente que es el intelectual. Transportada espléndidamente a los Estados Unidos, es devuelta a nuestros pueblos en forma de "intelectual-que-cree-en-la-revolución-hecha con-la-buena-voluntad-y-el-estímulo-del-State-Department". La situación real de su país no ha cambiado: lo que ha cambiado es la ubicación del intelectual en la sociedad, o más bien su ubicación con respecto a la metrópoli.
 Existe en América Latina un estado de violencia permanente que se manifiesta en constantes gorilazos, él más reciente de los cuales es el de Argentina, represión en Guatemala y Perú, carnicería sistemática en Colombia, masacre, de manifestaciones obreras en Chile, "suicidios" de dirigentes guerrilleros en Venezuela, intervención armada en Santo Domingo, constante estado de amenaza a Cuba. El intelectual latinoamericano regresa a su tierra y declara, engolando la voz: “Ha comenzado la etapa de la coexistencia…” ¡No! Lo que ha comenzado es la etapa de la violencia, social y literaria, entre los pueblos y el imperio.
 El pueblo sigue hambriento, asfixiado, aspirando a una igualdad social, a una educación, a un bienestar material y a una dignidad que no le dará ninguna declaración de Life. Se puede ir a Nueva York, desde luego, a Washington si es necesario, pero a luchar, a plantear las cosas en nuestros propios términos porque ésta es nuestra hora y no podemos de ninguna manera renunciar a ella, no hablamos en nombre de un país ni de un círculo literario; hablamos en nombre de todos los pueblos de nuestra América, de todos Jos pueblos hambreados y humillados del mundo, en nombre de las dos terceras partes de la· humanidad. La "nueva izquierda", la "coexistencia literaria" -términos que inventan ahora los imperialistas y reformistas para sus propios intereses, como antes inventaron el de guerra fría para sus campañas de guerra no declarada contra las fuerzas del progreso- son nuevos instrumentos de dominación de nuestros pueblos.
  De la misma manera que la Alianza para el Progreso no es más que el intento de neutralizar la revolución latinoamericana, la nueva política cultural de Estados Unidos hacia América Latina no es más que una forma de neutralizar a nuestros estudiantes profesionales, escritores y artistas en nuestras luchas de liberación. Robert Kennedy lo admitió claramente en su discurso televisado el 12 de mayo pasado: "Se aproxima una revolución (en América Latina)... Se trata de una revolución que vendrá, querámosla o no. Podemos afectar su carácter, pero no podemos alterar su condición de inevitable". ¿Qué lugar van a tomar nuestros estudiantes, profesionales, escritores y artistas en esa revolución cuya inevitabilidad subraya, incluso el propio Kennedy? ¿El lugar de freno, de retaguardia acobardada y sumisa? ¿Está eso en línea de nuestra tradición, en la línea de Martí y Mariátegui, Mella y Ponce, Vallejo y Neruda? Kennedy propone, como primer "contraveneno" a esa revolución, a la revolución real y revolucionaria -y citamos textualmente-, "El intercambio de intelectuales y estudiantes entre los Estados Unidos y América Latina".

 Violencia sagrada

 Es un evidente programa de castración, que ha comenzado ya a realizarse. Pero ese "veneno" nuestro, esa violencia, es una violencia sagrada: tiene su justificación de siglos, la reclamaban millones de muertos, de condenados y de desesperados, la amparan la furia y la esperanza de tres continentes, han sabido encarnarla entre nosotros Tupac Amaru y Toussaint Louverture, Bolívar y San Martín, O'Higgins y Sucre, Juárez y Maceo, Zapata y Sandino, Fidel Castro y Che Guevara, Camilo Torres y Fabricio Ojeda, Turcios y los numerosos guerrilleros esparcidos por América cuyos nombres aún no conocemos.
 Queremos la revolución total: la que dé el poder al pueblo, la que modifique la estructura económica de nuestros países, la que los haga políticamente soberanos, la que restaure nuestro orgullo de indios, negros y mestizos, la que se exprese en una cultura antiacadémica y perpetuamente inquieta: para realizar esa revolución total, contamos con nuestros mejores hombres de pensamiento y creación, desde México en el norte, hasta Chile y Argentina en el sur.
 Después de la Revolución Cubana, los Estados Unidos comprenden que no se enfrentan a un continente de "latinos" ni de infrahombres: que se enfrentan a un continente que reclama su lugar en el mundo lo reclama con violencia y para ahora, como sus propios negros, los negros norteamericanos. Después de la Revolución Cubana, los Estados Unidos, de la misma manera que "descubrieron" que a nuestro continente le hacía falta la reforma agraria, "descubrieron" también que teníamos una literatura de verdad. El último paso de ese descubrimiento lo han dado al proponer comprar (o al menos, neutralizar) a nuestros intelectuales, para que nuestros pueblos se queden, una vez más, sin voz. Y ya no se trata de servirse de personajes desacreditados, como Arciniegas y compañía. Quemaron a los liberales-conservadores, a los reaccionarios, a los agentes de la primera hornada. Ahora tienen que hablar en términos de "izquierda" con hombres de "izquierda"; porque si no fuera así no serían escuchados más que por los peores círculos reaccionarios. Están a la búsqueda de quienes, pretendiendo hablar a nombre nuestro, presenten la revolución y la violencia como cosa de mal gusto y encuentran, pagando su precio, a esos sensatos, a esos colaboracionistas, a esos traidores. Nuestra misión, Pablo, no puede ser, de ninguna manera, prestarnos a hacerles el juego, sino desenmascararlos y atacarlos.
  Tenemos que declarar en todo el continente un estado de alerta: alerta contra la nueva penetración imperialista en el campo de la cultura, contra las becas que convierten a nuestros estudiantes en asalariados o simples agentes del imperialismo, contra ciertas tenebrosas "ayudas" a nuestras universidades, contra los ropajes que asuma el Congreso por la libertad de la cultura, contra las revistas pagadas por la CIA, contra la conversión de nuestros escritores en simios de salón y comparsas de coloquios yanquis, contra las traducciones que, si pueden garantizar un lugar en los catálogos de las grandes editoriales, no puedan garantizar un lugar en la historia del, nuestros pueblos ni en la historia de la humanidad.
 Algunos de nosotros compartimos contigo los años hermosos y ásperos de España, otros, aprendimos en tus páginas cómo la mejor poesía puede servir a las mejores causas. Todos admiramos tu obra grande orgullo de nuestra América. Necesitamos saberte inequívocamente a nuestro lado en esta larga batalla que no concluirá sino en la liberación definitiva, con lo que nuestro Che Guevara llamó "la victoria siempre".

   Fraternalmente

 Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Juan Marinello, Félix Pita Rodríguez, Roberto Fernández Retamar, Lisandro Otero, Edmundo Desnoes, Ambrosio Fornet, José Antonio Portuondo, Alfredo Guevara, Onelio Jorge Cardoso, José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Samuel Feijóo, Pablo Armando Fernández, Heberto Padilla, Fayad Jamís, Jaime Sarusky, José Soler Puig, Dora Alonso, Regino Pedroso, J osé Zacarías Tallet, Ángel Augier, Carlos Felipe, Abelardo Estorino, José Triana, Mirla Aguirre, Miguel Barnet, Jesús Díaz, Nicolás Dor, César Leante, Anión Arrufat, Graziella Pogolotti, Rine Leal, José R. Brene, José Rodríguez Feo, Humberto Arenal.
  Salvador Bueno, Roberto Branly, Luis Suardíaz, César López, Raúl Aparicio, Euclides Vázquez Candela, Luis Marré, Ezequiel Vieta, Rafael Suárez Solís, Loló de la Torriente, Gumersindo Martínez Amengua), Aldo Menéndez, David Fernández, Manuel Díaz Martínez, Armando Álvarez Bravo, Renée Méndez Capote, Jesús Abascal, Gustavo Eguren, Víctor Agostini, Jesús Orta (Naborí), Francisco de Oráa, Noel Navarro, Oscar Hurtado, José Lorenzo Fuentes, Reynaldo González, Joaquín Santana, José Manuel Otero, Rafael Alcides Pérez, Alcides lznaga, Mariano Rodríguez Herrera.
  Martha Rojas, José Manuel Valdés-Rodríguez, Ernesto García Alzola, Manuel Moreno Fraginals, Nancy Morejón, Santiago Álvarez, Fausto Canel, Roberto Fandiño, Miguel Fleitas, Jorge Fraga, Manuel Octavio Gómez, Sara Gómez, Sergio Giral, Julio García Espinosa, Tomás Gutiérrez Alea, Nicolás Guillén Landrián, Manuel Herrera, José Antonio Jorge, Luis López, José Massip, Eduardo Manet, Raúl Molina, Manuel Pérez, Rogelio París, Enrique Pineda Barnet, Rosina Pérez, Alberto Roldán, Alejandro Saderman, Humberto Solás, Miguel Torres, Harry Tanner, Oscar Valdés, Héclor Veitía, Pastor Vega, Santiago Villafuerte.
   Juan Blanco, Gilberto Valdés, Manuel Duchesne, Edgardo Martín, Leo Brouwer, Nilo Rodríguez, Carlos Fariñas, Pablo Ruiz Castellanos, José Ardévol, Harold Gramatges, lvelle Hernández, César Pérez Senlenanl, Zenaida Manfugás, Félix Guerrero, Pura Ortiz, Isaac Nicola, Jesús Ortega, Fabio Landa, Arturo Bonachea, Mariano Rodríguez, Tomás Oliva, Antonia Eiriz, Raúl Martínez, Carmelo González, Servando Cabrera Moreno, Sandú Darié, Lesbia Vent Dumois, Eduardo Abela Alonso, Humberto Peña, Salvador Corratgé, José Rosaba), Antonio Díaz Peláez, Rostgaard, Morante, Guerrero, Carruana, Félix Beltrán, Chago, Enrique Morel, Luis Alonso, Adigio Benítez, Orlando Yanes, Frémez, Marta Arjona, José Luis Posada, Nuez.

  Versión original y extensa. Publicada en el diario Granma el 31 de julio de 1966, y reproducida en Bohemia el 5 de agosto y en la revista Cuba en octubre del mismo año.

domingo, 19 de abril de 2020

sábado, 18 de abril de 2020

Cuba 65


Jaime Sabines


1

No sé, a estas alturas, cómo decir las cosas que suceden.
Soy un poco apagado, un poco triste,
un poco incrédulo y vacío.
Dejé pasar tres meses a propósito
para mirar en mí, mirarte lejos,
sano y salvo de ti, Cuba caliente.
(He aquí el primer error. No quiero atarme
a las palabras ni al ritmo.
Líbreme Dios de mí
igual que me he librado de Dios.)
Suscribo lo que dice la prensa reaccionaria del mundo.
(Así iba a empezar.)
En Cuba hay privaciones, hay escasez, no hay poitos,
no hay vestidos suntuosos ni automóviles último modelo,
hay pocas medicinas y mucho trabajo para todos.
Suscribo esto.
Quiero aclarar que no me paga un sueldo el partido comunista,
ni recibo dólares de la embajada norteamericana
(¡Qué bien la están haciendo los gringos
en Vietnan y en Santo Domingo!)
No acostumbro meterme con la poesía política
ni trato de arreglar el mundo.
Más bien soy un burgués acomodado a todo,
a la vida, a la muerte y a la desesperanza.
No tengo hábitos sanos
ni he aprendido a reír ni a conversar con nadie.
Soy un poco de todo,
y pienso que si fuera en un buque pirata
sería lo mismo el capitán que el cocinero.

2

«Hambre y sed de justicia»
¿es más que sólo el hambre y la sed?
¿De dónde un pueblo entero se aprieta la barriga
por que sí?
¿de qué raíz de rencor,
de cuánta injuria,
de cuánta revancha detenida,
de cuántos sueños postergados
surge la fuerza de hoy?
Porque es necesario decir esto:
para acabar con la Cuba socialista
hay que acabar con seis millones de cubanos,
hay que arrasar a Cuba con una guataca inmensa
o echarle encima todas las bombas atómicas y los diablos.
(Señor Presidente Johnson:
hundamos a Cuba
porque la isla de Cuba navega peligrosamente
alrededor de América.)

3

¿Quién es Fidel?, me dicen,
y yo no lo conozco.
Una noche en el malecón una muchacha que estaba conmigo
dio de gritos palmoteando: «ahí va Fidel,
ahí va Fidel», y yo vi pasar tres carros.
Otra vez, en un partido de pelota,
la gente le gritaba:
«no seas maleta, Fidel»
como quien le habla a un hermano.
«Vino Fidel y dijo…», dice el guajiro.
El obrero dice: Vino Fidel.
Yo he sacado en conclusión de todo esto
que Fidel es un duende cubano.
Tiene el don de la ubicuidad,
está en la escuela y en el campo,
en la junta de ministros y en el bohío serrano
entre las cañas y los plátanos.
En realidad, Fidel es el nombre
del viento que levanta a cada cubano.

4

Estoy harto de la palabra revolución
pero algo pasa en Cuba.
No es parto sin dolor, es parto entero,
convulso, alucinante.
Se han quebrado familias, se separan
los que no quieren ver ni ser testigos,
los lastimados y los impotentes.
¿Por qué mi tío Ramón, con sus ochenta,
quiere morir en Cuba
con hijos en Miami y otros hijos
de Colón a La Habana?
¿por qué cantan los niños
cuando van al trabajo, entre clases y clases?
(Un domingo, en Cienfuegos,
en un camión, temprano,
los vi salir al campo,
y era como si Cuba amaneciera
en sus risas y cantos.)
¿Por qué estudian América y Celeste
y otras recamareras, en el hotel, a diario?
¿por qué el libro se ha vuelto de pronto
bueno como el boniato?
Es verdad que han partido,
arando el mar, gusanos,
y hombres y mujeres han partido
y, ciertos o engañados,
violentos o perdidos o espantados,
han partido, se han ido -oscurecido-
a un porvenir que espera mutilado.
Cuba de pie, de frente,
de corazón, entera,
Cuba de pie ha quedado.
Cuba rodeada de enemigos,
Cuba sola en el mar,
Cuba ha quedado.

5

Crece difícilmente, pero crece
diáfanamente.
Es limpio este crecer,
hay algo limpio y doloroso en todo,
son los años del cambio, del ajuste,
del vivir de otro modo.
¿En dónde vi la alegría derramada
-Playa Girón sobre la sangre fresca?
Escuela de combate: pescadores,
niños nautas, pizarrón en fiesta.
Hay pueblos tristes como en todas partes,
pero el cubano tiene una madera
oscuramente alegre, una fuente de sol,
un surtidor de agua.
Escándalo y ternura al mismo tiempo,
vocifera, se llena, se derrama.

6

Haciéndose su casa, Cuba
tiene las manos limpias.
Será una casa para todos,
una casa hermosa y sencilla,
casa para el pan y el agua,
casa para el aire y la vida.

7

Un día, en Banagüises, una pequeña aldea,
sentí las gentes, sentí el campo, sentí la verdad de Cuba.
Son gentes viejas y tranquilas
(yo lloré con Ignacio, con Jabay, con Juanita)
las casas de madera y los portales amplios
(yo lloré con su paz y su melancolía).
Una calle asfaltada, orgullosa, atraviesa
el vecindario hasta la vía.
Cerca, los trenes jalan la caña
y cargan el mediodía.
Están allí como los árboles:
las mujeres, los niños, la panadería.
Tienen el suelo abajo y el sol encima.
Aquí las cosas pasan lentamente,
las ideas se comen, los alimentos se meditan,
los brazos salen de la tierra,
los yerbazales se agitan,
un perro de piedra corre en las calles
y corre un pozo de agua bendita.
Un joven muerto es un obelisco
y el aire es el sueño de una muchacha bonita.
Banagüises, que llevó mi padre
en el pecho como una reliquia,
es un pueblo joven y viejo
de esta nueva Cuba tan antigua.

8

Quiero decir que ya estaba Martí
en estas trincheras; que a su lado estaban
todos estos;
Camilo Cienfuegos tiene cien años
y cien años tiene
cada muchacho de la universidad.
(¡Es tan duro este pelear y este morirse y
este renacer y este pelear por la libertad!)
Ya estaban todos los que están ahora.
Ya estarán multiplicados mañana
porque la levadura de la justicia es buena
y sólo quieren vivir en paz.
El jovencito de la metralleta,
la muchacha del uniforme,
el niño que se cubre con el cuaderno,
el viejo que grita en el juego de pelota,
los estibadores y los panaderos,
hasta los poetas, Dios mío,
sólo quieren vivir en paz.
Los que murieron en las calles
también quieren vivir en paz.

9

Es necesario detenerse frente al mar.
El mar oscuro es del dolor de Miriam,
tiene su mismo oleaje y su claridad.
En las playas del pueblo sentí que era sencillo,
enormemente sencillo, amar.
La arena, el viento,
los árboles, los hombres,
todos se pueden juntar.
¡Cuba, vamos a pelear
para vivir en paz!


 Yuria, 1967. Fotografía: Primer vuelo de la libertad. 

¡Muchas gracias, cubanos!


               Gabriel Celaya


     
           Bohemia, 29 diciembre 1969.

martes, 14 de abril de 2020

Acento


 Carlos Barral

 Pero ahora los días se suceden
rápidamente
y de nuevo nos levantamos inquietos
y buscamos una noticia en el periódico.
Porque otra vez ocurre algo que nos contagia,
está ocurriendo algo que nos llama
desde extrañas orillas, por encima
de mares sordos y ciudades sordas.

Un torrente de voz en la lengua que hablo
del que no detendrán las palabras mayores
ni siquiera mintiendo, ni en la reja
de sus cruzadas interpretaciones.

                             Un torrente
de enjaulada evidencia, de espesura
de sangre amordazada que ahora escoge
tu nombre
-cuatro letras, dos sílabas, un grito-
que de modo implacable gotea
en sus papeles
llueve sobre sus tintas venenosas
y estalla entre los dientes.
Te oímos entre líneas, te escuchamos
en el jadeo de los que te injurian.
Pero no es sólo eso.

Sucede que te oímos sin saberlo
en las viejas palabras
en las antiguas frases que aprendimos
con las aristas de las traducciones,
que ahora acuden
a nuestro oído en medio del silencio
bañadas en tus vísceras, se instalan
cargadas de tu acento en las ideas.


 España canta a Cuba, Ruedo Ibérico, 1963, pp. 76-77. Fotografía: Luc Chessex.