sábado, 11 de abril de 2020

A Cuba 1967/1968. Diarios de Valente


   
 Diario anónimo (1959-2000), Galaxia Gutenberg / Círculo de escritores, Barcelona, 2011. 

viernes, 10 de abril de 2020

Cuba, una isla que navega




 José Ángel Valente

 Los pueblos nacen en la noche solos,
en la noche del pan traicionado,
el azúcar amargo y la mentira.
Hijos de su miseria y de su llanto,
de la luz yugulada y la costumbre
oscura de morir desposeídos.

También los ríos de mi patria arrastran
su largo luto hacia la mar sombría
y allí enmudecen.

Pueblo mío.
Amarillo el color del hambre dura,
el de la sangre aciago resplandece,
ceniciento el del odio anega el aire.

Hasta que un día 
ciertas palabras rotas se reúnen,
se componen en sílabas y viento,
azotan las montañas y se alzan
en la boca del hombre.

Ay de los ídolos,
ay de su noche,
ay de su triste barro entonces.

Un pecho ha estallado y a él acudo.
Desde lejos nos llaman, desde lejos
se oye una voz. Pronuncia
palabras de mi estirpe y de mi sangre.

Acudo porque entiendo.
Un pecho ha estallado,
una isla navega.

Abridle paso.
En mar libre navega.

El alto viento es suyo. 

 España canta a Cuba, Ruedo Ibérico, 1962, p. 86-87; y, Obras completas, Círculo de Lectores, 2006, pp. 824-825. Fotografía: Jesse Fernández. 

jueves, 9 de abril de 2020

Durante la invasión


    

 Jaime Gil de Biedma 

 Sobre el mantel, abierto, está el periódico
de la mañana. Brilla el sol en los vasos.
Almuerzo en el pequeño restaurante,
un día de trabajo.

Callamos casi todos. Alguien habla en voz vaga
-y son conversaciones con la especial tristeza
de las cosas que siempre suceden
y que no acaban nunca, o acaban en desgracia.

Yo pienso que a estas horas amanece en la Ciénaga,
que todo está indeciso, que no cesa el combate,
y busco en las noticias un poco de esperanza
que no venga de Miami.

Oh Cuba en el veloz amanecer del trópico,
cuando el sol no calienta y está el aire claro:
que tu tierra dé tanques y que tu cielo roto
sea gris de las alas de tus aeroplanos!

Contigo están las gentes de la caña de azúcar,
el hombre del tranvía, los de los restaurantes,
y todos cuantos hoy buscamos en el mundo
un poco de esperanza que no venga de Miami.

                                     1961


 Moralidades (1966).


miércoles, 8 de abril de 2020

Cuba sacada de dentro



 Ángel Crespo

 Cada día te invento
junto pedazos de periódicos,
noticias mutiladas
emisiones roídas por los dientes
del miedo, y las lecciones
de geografía y las historias
que nunca nos contaron
quién fue Martí.

Reúno,
para formar un cuerpo,
una página transitable,
esto y aquello,
y las postales amarillentas,
con bahías y muelles,
plantaciones espesas y guajiros descalzos,
que rodaban por los viejos cajones
de la vieja familia.
Así voy inventándote.

Ordeno los fragmentos de películas,
que veía entre beso y beso
en los cines de barrio,
con putas, es verdad, de barrio,
y con yankis —como nosotros—
pero también con gente
de color y con blancos
que hablaban con acento
caliente, se movían como
al viento, la caña,
eran como un cañaveral
que estaba a oscuras.

Bien me acuerdo cuando
al salir al aire te pensaba,
Cuba, barco frutero
anclado en alta mar,
penetrante de aromas de melaza
y macerado por los pasos
del toro azul de Bunyan.

Todo lo voy uniendo. Pienso ahora
en las canciones que escuché,
en el superviviente
de la guerra de Cuba,
que guardaba en el monte los conejos
y hablaba sin rencor de aquellos años.

(Se vino a España, se llamaba
Apolinar, el tío
Apolinar, sabía
sabía cantar guajiras.
Los conejos no se escapaban.
Era un español sin hiel.)

Éramos españoles sin hiel, pero vertida
fue sobre nuestras almas
cuando no conocíamos
la palabra fusil, y solamente
sabíamos de la escopeta
que tumbaba al conejo.

(Lo dice un español de 35 años,
el que oía hablar bajo la encina,
del bohío; junto a los cardos,
de la caña; bajo la luna llena,
del sol de las Antillas;
al tío Apolinar, que nunca quiso
tirar al cuerpo. Él que también
echaba el plomo al cielo
para espantar a los furtivos.)

Qué de prisa te invento: se me antoja
la sonrisa del pueblo, la alegría
de las olas humanas
y —desde lejos déjame
que invente y llene el hueco—
las del mar, empinándose
para ver a la tierra limpia de polvo y paja.
No te invento. Te tengo.

  
 España canta a Cuba, Ruedo Ibérico, 1963, pp. 64-66. Fotografía de Deeana Stryker. 


Juramento a Fidel




 Gonzalo Rojas

 Dijo Neruda: "En todas partes hay 
Sierra Maestra". Y, bueno, me digo: ¿Qué esperamos? 
¿Seguir hablando en éxtasis de Fidel 
   porque supo ser hombre de raíz? 
¿O proseguir la farsa de siempre, como perros apaleados? 
¿Vender el alma al diablo, revender nuestros huesos, 
subproducto servil, del cobre o del salitre, del hierro 
   que con sangre, rajamos y entregamos? 
¿O subir a las altas cordilleras de Chile,        donde despunta el sol, y renacer,  
   y ser hombres sin miedo
   de una vez y ser pueblo y ser hermanos? 

Espinazo tenemos. Tenemos la verdad,  
y, en cuanto a cataclismos, larga muy larga
noche de experiencia y paciencia. 
Vendrá, nos dice el aire: vendrá, vendrá la luz.
¿Pero cuándo, por dónde? ¿Cuál será nuestra Sierra? 
¿O ya estará aquí mismo Fidel, en este aquí 
que nos junta en el viento más áspero,
en el aire de los pobres de América?

Fidel, no habrá invasor contra la realidad. 
No habrá otro 17 de abril ni mercenarios          malparidos adentro de tu isla. 
Cadáveres habrá, carroña, cancilleres. 
Contra el sol nada pueden los muertos. 
                  Por Bolívar, 
te decimos con Pablo, compañero Fidel, 
y en español de América que Sierra y Poesía 
son lo mismo en la línea de fuego del amor, 
como es una y sin término la estrella 
   de los pueblos del mundo y es la misma. 
Por eso te juramos, Fidel, estrella fiel, 
que ya vamos subiendo, subiendo, 
    noche arriba.


 El Siglo, Suplemento dominical, 6 de agosto de 1961; y, Cuba si: poetas chilenos cantan a la revolución cubana, Ediciones Anteo, 1963, pp. 85-86. Fotografía: Paolo Gasparini.