sábado, 11 de abril de 2020
viernes, 10 de abril de 2020
Cuba, una isla que navega
José Ángel Valente
Los pueblos nacen en la noche solos,
en la noche del pan traicionado,
el azúcar amargo y la mentira.
Hijos de su miseria y de su llanto,
de la luz yugulada y la costumbre
oscura de morir desposeídos.
También los ríos de mi patria arrastran
su largo luto hacia la mar sombría
y allí enmudecen.
Pueblo mío.
Amarillo el color del hambre dura,
el de la sangre aciago resplandece,
ceniciento el del odio anega el aire.
ceniciento el del odio anega el aire.
Hasta que un día
ciertas palabras rotas se reúnen,
ciertas palabras rotas se reúnen,
se componen en sílabas y viento,
azotan las montañas y se alzan
en la boca del hombre.
Ay de los ídolos,
ay de su noche,
ay de su triste barro entonces.
Un pecho ha estallado y a él acudo.
Desde lejos nos llaman, desde lejos
se oye una voz. Pronuncia
palabras de mi estirpe y de mi sangre.
Acudo porque entiendo.
Un pecho ha estallado,
una isla navega.
Abridle paso.
En mar libre navega.
El alto viento es suyo.
El alto viento es suyo.
España
canta a Cuba, Ruedo Ibérico, 1962, p. 86-87; y, Obras completas, Círculo de Lectores, 2006, pp. 824-825. Fotografía: Jesse Fernández.
jueves, 9 de abril de 2020
Durante la invasión
Jaime Gil de Biedma
Sobre el mantel, abierto, está el periódico
de la mañana. Brilla el sol en los vasos.
Almuerzo en el pequeño restaurante,
un día de trabajo.
Callamos casi todos. Alguien habla en voz vaga
-y son conversaciones con la especial tristeza
de las cosas que siempre suceden
y que no acaban nunca, o acaban en desgracia.
Yo pienso que a estas horas amanece en la Ciénaga,
que todo está indeciso, que no cesa el combate,
y busco en las noticias un poco de esperanza
que no venga de Miami.
Oh Cuba en el veloz amanecer del trópico,
cuando el sol no calienta y está el aire claro:
que tu tierra dé tanques y que tu cielo roto
sea gris de las alas de tus aeroplanos!
Contigo están las gentes de la caña de azúcar,
el hombre del tranvía, los de los restaurantes,
y todos cuantos hoy buscamos en el mundo
un poco de esperanza que no venga de Miami.
1961
Moralidades (1966).
miércoles, 8 de abril de 2020
Cuba sacada de dentro
Ángel Crespo
Cada día te invento
Cada día te invento
junto
pedazos de periódicos,
noticias
mutiladas
emisiones
roídas por los dientes
del miedo, y
las lecciones
de geografía
y las historias
que nunca
nos contaron
quién fue
Martí.
Reúno,
para formar
un cuerpo,
una página
transitable,
esto y
aquello,
y las
postales amarillentas,
con bahías y
muelles,
plantaciones
espesas y guajiros descalzos,
que rodaban
por los viejos cajones
de la vieja
familia.
Así voy
inventándote.
Ordeno los
fragmentos de películas,
que veía
entre beso y beso
en los cines
de barrio,
con putas,
es verdad, de barrio,
y con yankis
—como nosotros—
pero también
con gente
de color y
con blancos
que hablaban
con acento
caliente, se
movían como
al viento,
la caña,
eran como un
cañaveral
que estaba a
oscuras.
Bien me
acuerdo cuando
al salir al
aire te pensaba,
Cuba, barco
frutero
anclado en
alta mar,
penetrante
de aromas de melaza
y macerado
por los pasos
del toro
azul de Bunyan.
Todo lo voy
uniendo. Pienso ahora
en las
canciones que escuché,
en el
superviviente
de la guerra
de Cuba,
que guardaba
en el monte los conejos
y hablaba
sin rencor de aquellos años.
(Se vino a
España, se llamaba
Apolinar, el
tío
Apolinar,
sabía
sabía cantar
guajiras.
Los conejos
no se escapaban.
Era un
español sin hiel.)
Éramos
españoles sin hiel, pero vertida
fue sobre
nuestras almas
cuando no conocíamos
la palabra
fusil, y solamente
sabíamos de
la escopeta
que tumbaba
al conejo.
(Lo dice un
español de 35 años,
el que oía
hablar bajo la encina,
del bohío; junto
a los cardos,
de la caña;
bajo la luna llena,
del sol de
las Antillas;
al tío
Apolinar, que nunca quiso
tirar al
cuerpo. Él que también
echaba el
plomo al cielo
para
espantar a los furtivos.)
Qué de prisa
te invento: se me antoja
la sonrisa
del pueblo, la alegría
de las olas
humanas
y —desde
lejos déjame
que invente
y llene el hueco—
las del mar,
empinándose
para ver a
la tierra limpia de polvo y paja.
No te invento.
Te tengo.
España canta a Cuba, Ruedo Ibérico, 1963, pp. 64-66. Fotografía de Deeana Stryker.
Juramento a Fidel
Gonzalo Rojas
Dijo Neruda: "En todas
partes hay
Sierra Maestra". Y,
bueno, me digo: ¿Qué esperamos?
¿Seguir hablando en éxtasis de
Fidel
porque supo ser hombre de raíz?
¿O proseguir la farsa de
siempre, como perros apaleados?
¿Vender el alma al diablo,
revender nuestros huesos,
subproducto servil, del cobre
o del salitre, del hierro
que con sangre, rajamos y
entregamos?
¿O subir a las altas
cordilleras de Chile, donde despunta el sol, y
renacer,
y ser hombres sin miedo
de una vez y ser pueblo y ser
hermanos?
Espinazo tenemos. Tenemos la
verdad,
y, en cuanto a cataclismos,
larga muy larga
noche de experiencia y
paciencia.
Vendrá, nos dice el aire:
vendrá, vendrá la luz.
¿Pero cuándo, por dónde? ¿Cuál
será nuestra Sierra?
¿O ya estará aquí mismo Fidel,
en este aquí
que nos junta en el viento más
áspero,
en el aire de los pobres de
América?
Fidel, no habrá invasor contra
la realidad.
No habrá otro 17 de abril ni
mercenarios malparidos adentro de tu isla.
Cadáveres habrá, carroña,
cancilleres.
Contra el sol nada pueden los muertos.
Por Bolívar,
te decimos con
Pablo, compañero Fidel,
y en español de América que
Sierra y Poesía
son lo mismo en la línea de
fuego del amor,
como es una y sin término la
estrella
de los pueblos del mundo y es la misma.
Por eso te juramos, Fidel,
estrella fiel,
que ya vamos subiendo,
subiendo,
noche arriba.
El Siglo, Suplemento dominical, 6 de agosto de 1961; y, Cuba si: poetas chilenos cantan a la revolución cubana, Ediciones
Anteo, 1963, pp. 85-86. Fotografía: Paolo Gasparini.
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