Pedro Marqués de Armas
Aunque te empujara con mano maestra (aunque te empujara por los derriscaderos), esos huequitos no te los abrió la historia. Se dice fácil, pero a veces es necesario abrir la calota y, a ras de la duramadre, tirar hasta el fondo. Como si se tratara de sostenerse al filo de lo que no es lenguaje: el velo del amnios, el muladar con las momias, y lo que llaman “parte trasera” en una escuela rural. Solo allí comienza lo narrado: nacimiento y muerte en setos de Campeche, no en camas de hospitales suizos.
Oh tú ajeno hasta el extrañamiento.
De Óbitos (2015).
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