viernes, 19 de julio de 2013

Variaciones del Aura





  Juan Gundlach


  Maté una Hutía conga (Capromys Fournieri) que cayó en una  espesura de arbustos de Icaco (Cbrysobalanus) donde me fue imposible encontrarla. Estos arbustos estaban además cubiertos por el espeso follaje de ramas horizontales de Júcaro (Bucida capitata) que impedían fuesen vistos. Al tercer día pasé por el mismo paraje y encontré muchas Auras en estas ramas del Júcaro, atraídas sin duda por el olor del cadáver.
 Hace años se importaba a la isla de Cuba la Aristolochia labiosa, cuyos botones tienen el tamaño y la forma de un pato, por cuyo motivo se le llama Flor de pato. Cuando el botón se abre en flor despide olor a cadáver y la flor se llena de moscas. Se han visto volar Auras hacia estas flores, sin duda atraídas por ese olor semejante al del cadáver.
 Escondí un lechón muerto al lado de un muro debajo de una mata de Murraya exótica con especísimo follaje, cubriéndolo además con unas planchas de hojas de lata. Era imposible ver algo del lechón. Al tercer día vi pasear alrededor del muro, y mirar con el cuello extendido hacia abajo y hacia el lugar del escondite unas Auras. ¿No serian atraídas por el olfato?
 De otro modo se ve como el Aura, durante su vuelo suave, sin aletazos, mueve su cabeza en todas direcciones, probablemente para buscar con su vista algún alimento. De esta suerte debiera equivocarse muchas veces, tomando un animal dormido por otro muerto.
 En contra de este argumento se dice, que el Aura, con su vista tan excelente, puede reconocer los movimientos del pecho causados por  la respiración. 
 El Aura come no solamente carne podrida y fresca, sino que careciendo de esta, se contenta con inmundicias y hasta con materias vegetales podridas. No atacan a las Auras muertas; pero he visto que comen los cuerpos desollados de Auras. Los animales muertos de gangrena, quedan intactos. Las Auras heridas o capturadas, vomitan (¿por miedo?) lo contenido en su buche. He visto a un Aura capturada y amarrada después de infructuosas tentativas para zafarse, fingirse muerta.
 Cuando un Aura se ha acostumbrado a comer carne fresca, suele ser dañina, atacando y comiendo pollos y otras aves, y a veces ataca y come lechoncitos recién nacidos, después de haber comido la placenta,  donde en las haciendas de crianza ha parido una puerca. Estos casos son bien raros, pero una vez he visto un Aura comiendo un muslo de  un lechón vivo preso por él.
 Si el Aura no tiene alimento, se le ve volando en observación a suma altura, sea en dirección recta o en círculos grandes, sin aletazos,  en todas direcciones, y en contra o a favor del viento.
 No he visto otro pájaro volar de un modo más perfecto; y el Rabihorcado (Tachypetes aquilus) tan celebrado por su vuelo, me parece volar menos elegante y con algunos aletazos, aunque a largos intervalos. Pero si percibe un animal muerto, aunque bien pequeño, desciende más y más, los círculos se achican, y se ven algunos aletazos.
 Al fin descienden varios individuos, los unos van directamente al cadáver, los otros se posan en árboles, muros, techos, etc., o no encontrando objetos altos,  en el mismo suelo. Pocos individuos comen al mismo tiempo y espantan a los agresores corriendo contra ellos en una posición encorvada y con las plumas del lomo erizadas, alas y cola entreabiertas. Solamente ceden el lugar a la Caraira (véase la especie siguiente). 
 Donde hay matazón, donde hay un animal mayor muerto, etc., se reúnen muellísimas Auras, y como vuelan en diferentes direcciones y a distintas alturas, forman un enredo interesante en el aire, lo que llaman Auroro. 
 Cuando en tiempo de las aguas amenaza alguna tempestad, muchas veces un Aurero a grande altura precede a las nubes.
 En las ciudades acuden al mediodía a la vecindad de los mataderos par a comer los despojos arrojados de ellos. Hacia la tarde se retiran formando a veces también Aureros, a los árboles vecinos. Suelen dormir en sociedad.
 Después de aguaceros fuertes o noches de mucho  sereno, se posan las Auras en un punto elevado, franco, por ejemplo en rama, muro, peña, techo, etc., y extienden ambas alas, tomando el cuerpo durante esta operación una posición enteramente vertical y  particular, para que los rayos del sol sequen las plumas.
 El aura ataca en el animal muerto ante todo a los ojos y a la cloaca; también prefiere la carne en descomposición a la fresca, al contrario de la Caraira (véase la especie siguiente), y si restos de animales han sido ablandados por aguaceros y despiden nuevo olor, acude otra  vez a devorarlos.
 El Aura no tiene voz, y solamente produce, por miedo o irritada, un ruido por el aire fuertemente sacado del pulmón.
 Nadie persigue al Aura par a comerla, pues nadie la quiere por  alimentarse de cadáveres y por un olor particular malo, que se percibe hasta en los huevos, como he observado vaciando algunos de éstos par a la colección.
 Como la gente no la persigue, es bastante confiada; y así se la ve llegar hasta las habitaciones de campo y huir solamente cuando uno  se aproxima demasiado. 
 En la primavera es perseguida por los Cernícalos (Tinnunculus) y  por el Pitirre (Melittarchus) cuando éstos tienen nidos y el Aura llega cerca de ellos. Pero otros pájaros mayores son igualmente perseguidos por éstos. 
 El Aura suele anidar en cada año en el mismo lugar, en los meses de Marzo y Abril, y no Setiembre y Octubre, como indica Mr. D' Orbigny en la obra de la Sagra. No forma un nido, sino que pone los huevos en el mismo suelo, entre riscos de las montañas, al pie de peñas o de árboles grandes, o entre los estribos de éstos.
 Los 2-3 huevos son blancos con un viso fuerte a ceniciento-verdoso, con manchitas pálido-cenicientas, violado-cenicientas y rojizo-pardas más aproximadas hacia el extremo grueso. Sus diámetros son 0,070 + 0,045 o 0,073 + 0,050  milímetros.
 La creencia indicada por Mr. Gosse, en Jamaica, de que Auras machos se han unido con Gallinas y Guanajas negras, no existe en la isla de Cuba, pero hay una creencia parecida de la Caraira (véase esta  especie).

 Contribución a la Ornitología...; 1876, Imprenta La Antilla, pp. 30-32.