miércoles, 4 de marzo de 2015

Puercos soñados






 Pedro Marqués de Armas


 En el cuerpo legal más antiguo del Nuevo Mundo, las Ordenanzas de Alonso de Cáceres, topamos, en el caso de Cuba, con un territorio despoblado y a la vez henchido de puercos.

 Se multiplicaban en ribazos y sabanas.

 Por cada aborigen exterminado: puercos -en multiplicación constante.

 Hay una relación inextricable entre cerdos y poblamiento

 Alcanzaban el doble de grande de los europeos.

 Oviedo refiere que se habían «alzado e ido al monte tantos que andaban a grandes rebaños, fechos monteses». Este aspecto salvaje y montaraz explicaría tanto su proliferación como el soñado tamaño.

 Durante la conquista de Tierra Firme, optaron por su crianza para avituallar las flotas. El puerco diviene agente civilizador. Es factor decisivo, pues, para el poblamiento humano. Y, por tanto, para la evangelización.

 De una piara de ocho descienden los demás.

 Velázquez, Pizarro y luego el Inca Garcilaso -sin olvidar a Vasco Porcallo de Figueroa, gran criador- avanzan con cerdos hacia sus fundaciones, y las medidas que dictan para su cuidado son casi militares, con un toque mágica abstención. Saben que el orden cristiano no será posible en las futuras ciudades sin levadura de puerco. 
 Cortés celebra la victoria sobre Tenoctitlan, con los cerdos "que trouxeron de Cuba"

 El poder católico supone la exclusión de “judíos, musulmanes y otros linajes sucios”.

 Expulsan marranos y cazan puercos jíbaros.

 Multan negras horras por sus “bateas de puerco entre las piernas”.

 En Disertación médica sobre si las carnes de cerdo son saludables en las Islas de Barlovento, el más viejo de los textos médicos cubanos (Imprenta de La Habana, 1707, al parecer definitivamente perdido) se consideró a la “carne de cerdo cebado como dañosa para la ciudad y motivo de las varias epidemias que azotan la Isla”.

 Esta idea engorda a lo largo del siglo XVIII y asoma con visos constitucionales y no solo higiénicos: 
 “En los climas cálidos es bastante común la lepra, conocida por el mal de San Lázaro, y en la Habana principalmente se ven sus lastimosas consecuencias. Se cree en esta ciudad que es causada por la calidad de la carne de puerco que gusta en abundancia, pretendiendo que lo produce el fruto de la Palma Real llamado palmiche, del que come mucho este animal”. 
 Así se expresa Ventura Pascual Ferrer en su Viaje a la Isla de Cuba (1798), quien menciona otro factor: “La introducción de negros de África en cuyos países es muy vieja esta lepra y casi se ha hecho natural.”

 Iguales observaciones realiza el viajero Etienne M. Messe en 1815, tal vez tomadas directamente de Ferrer.

 Se distingue, ya entonces, al cerdo criollo o corralero del nacido en estancias y sometido a cierto sistema de educación. El primero es pequeño, ágil y arisco; se alimenta del palmiche, la encina y de frutos silvestres; y tiene un sabor particular del que participa la parte mantecosa, muy escasa. El otro es mayor y propenso a engordar, para lo cual se le cría casi exclusivamente, asegurando los guajiros que podían distinguirlo por la forma redondeada de las costillas.


 El Dr. Roulin atribuía a la vida salvaje del cerdo en América los caracteres que ofrece, tan diferentes de los del estado de servidumbre. Orejas enderezadas, cabeza gruesa y prominente en la parte superior, y el color constante. El doméstico, en cambio, es de piernas altas, orejas puntiagudas y colgantes y lomo generalmente gacho. 

 Antes de dejar Cuba encontré por azar otra intrincada referencia. Según Teodoro Bland Dusley, autor de una Topografía médica de la jurisdicción de Guines, “la disposición a la tisis y a las enfermedades de la piel puede ser agravada por la clase de alimentos de los habitantes, consistente en el mucho uso de carne de puerco fresca y el demasiado poco de alimentos salados”.

 Puerco frito habanero (receta, 1859): Prepárase en un platón un adobo de vinagre, orégano, sal, un poco de pimienta molida y unos ajos machacados; échese en este caldo la carne de puerco partida en pedazos; cuando se conozca que ha tomado bien el gusto del adobo, se saca la carne y se pone a freir con manteca. Sírvase con plátanos verdes o pintos fritos y con arroz blanco.

 Vaya, que el puerco se recorta, poco a poco, sobre un fondo identitario.

 Genius epidémico, se sigue el siguiente proceso: se le ingiere sin recato y luego se le incorpora al imaginario de las enfermedades con su carga de proyecciones. Deviene constitución local y, en breve, carácter, forma de ser.

 Ver, a propósito, lo que apunta Francisco Figueras en Cuba y su evolución colonial (1906): 
 “La carne de cerdo es uno de los manjares favoritos del cubano; y no se la come en cecina, adobo o embutido, cual se practica en los climas templados, sino que va directamente del matadero a la cocina y de ésta a la mesa. Pocos son los cubanos, sobre todos los criados en el campo, que no se les ague la boca a la vista de un lechón asado ya sea por el procedimiento de la barbacoa o ya por el espicho, y rara es la mesa donde a diario no se sirvan y se honren los tradicionales y venerados chicharrones. Importa estudiar si el uso inmoderado de un manjar restringido por la leyes en muchos países durante la estación varaniega, y hasta excecrado cual inmundo, por algunas religiones, ha podido determinar y ha determinado en realidad en la patología cubana influencias apreciables”.

 Y sin embargo, poca importancia la concedida, que sepamos, al papel del puerco en el desmoronamiento de la esclavitud. Así como el Imperio Romano se derrumbó, según Cipolla, a causa de los altos niveles de plomo en las garrafas de vino, con la consecuente intoxicación de sus elites; la esclavitud pudo derrumbarse en Cuba no tanto por las señaladas contradicciones entre el trabajo forzado y el asalariado, o entre la esfera industrial y la agraria, etc., como por un incremento del número de manumisiones a cuenta de los propios esclavos. Basta observar las relaciones, en extremo concomitantes, entre el crecimiento de su cría y venta por parte de los siervos y el elevado consumo de carne de puerco, manteca y chicharrones. Esa caída abrupta y final de la cifra de esclavos entre 1877 y 1886 no es meramente gratuita. Cierto, las leyes dejaban resquicios, pero había que pagar... 

 Antes del degeneracionismo, ya el cerdo entra en los cálculos de cría. Con Blumenbach se homologan variedades de puercos y de razas humanas, asimiladas a un mismo modelo de degeneración. Lascivo por naturaleza y precoz en su lascivia, entregado a repetidas uniones incestuosas, “se aniquila para siempre y produce individuos ruines y miserables” (José J. de Frías: Ensayo sobre la cría de ganados en la Isla de Cuba, 1844).

 Indagar, igualmente, en la función del puerco en nuestras gestas libertadoras.

 Misterioso apunte de José Martí: “la luz del cerdo”. Para estudio parte.



 El sueño de Cuba como chiquero se aprecia intacto a comienzos de la Revolución, cuando fomentar la producción de berracos y jamón crudo devino extravagante cruzada por parte de las autoridades del INRA. A juzgar por la fotografía, se avanzó hacia una recuperación de la masa. 

 Durante la fiebre porcina, el puerco es víctima. Se trata de un complot contra el cochino cubensis. Circulaba entonces la anécdota de un guajiro que había burlado a la policía disfrazando de niño a un puerquito. A la altura de Santa Cruz de los Pinos se emplazaba uno de los más temibles cordones sanitarios. Había que bajarse de la guagua y caminar sobre una rampita embebida en formol, lo que evitaba, se dice, la propagación de la enfermedad.  



martes, 3 de marzo de 2015

Puercos y humanos




 Los que han creído o pretendido creer (y nosotros no creemos haya habido alguno) o los que han dudado de la unidad primitiva del género humano, (que creemos son muy pocos) han seguido una senda muy estrecha en sus investigaciones, tomando en consideración dos variedades en oposición extrema, sin atender a las razas intermediatas que forman los eslabones por los que se hallan separadas; o han fijado su atención exclusivamente en el hombre, sin examinar las otras especies de animales, y sin comparar las variedades de estos causadas por degeneración, con las variedades de la especie humana.
 El primer error, por ejemplo, es cuando comparan a un negro Senegal con un modelo de hermosura Europea, un Apolo de Belvedere con un negro bozal de Angola, o una Venus de Médicis con una muger Hotentote, sin atender a que no hay una sola diferencia corporal entre estas dos personas opuestas, sea la que fuere, que no corra imperceptiblemente por sombras y grados, de modo que el fisiólogo o naturalista no es capaz de trazar la línea donde cesa el Europeo y principia el Mongol; cual sea el punto que distingue al Americano del Malayo; o cual sea el término que deslinda al Etíope de los demás. El segundo error consiste en que los fisiólogos razonan, como si el hombre fuera el único viviente en la naturaleza, y miran como extrañas y problemáticas las variedades en su especie, sin reflexionar las notables variedades que hay en las otras especies de animales producidas solo por degeneración. Blumenbach refuta este segundo error con una comparación muy curiosa entre el hombre y puerco, en su obra De generis humani varietate nativa, que traduciremos en Castellano, a causa de su autoridad.


 "Mas de una razón" –dice- "me han inducido a elegir el puerco para esta comparación, mas particularmente porque este animal tiene grande semejanza con el hombre en muchos respectos; no en la forma de sus entrañas, como antiguamente creían algunos, por lo que estudiaban la anatomía del cuerpo humano en el del puerco; no porque en tiempo de Galeno se creía que la carne humana tenia exactamente el mismo gusto que la del hombre; ni porque se parezcan tanto el cuero de uno y otro adobado; sino porque ambos, con respecto a la economía de su estructura corporal, hecha toda abstracción, muestran a primera vista, así como en atento examen, una semejanza notable.
 Ambos son animales domésticos, ambos son omnívoros; ambos están dispersados por todas las cuatro partes del mundo, y ambos por consiguiente expuestos en muchas maneras a la causas principales de degeneración, provenientes del clima, del modo de vida, del alimento, &c. Por la misma razón están ambos expuestos a muchas enfermedades que rara vez se hallan en otros animales.
 Otra razón por que he elegido al puerco para la presente comparación es, porque la degeneración y descendencia de la raza original son con mucho más ciertas, y pueden trazarse mejor en esta especie, que en otra variedad alguna de animales domésticos. Ningún naturalista ha llevado su escepticismo a punto de dudar que el puerco doméstico desciende del jabalí; y lo contrario es también el caso, porque si por alguna casualidad se pierde un puerco en el bosque, luego se vuelve jabalí, tanto, que hay ejemplos de coger los cazadores un puerco salvaje por jabalí sin descubrir la diferencia hasta hallarlos castrados cuando los han abierto.
 Está bien sabido, que antes del descubrimiento de la América por los Españoles, no había especie alguna de puerco en aquella parte del mundo, y que fueron después llevados allí de Europa. Todas las variedades, pues, que se hallan ahora en América, vienen de un par de una especie; y puesto que no hay diferencia corporal en la especie humana, ora con respecto a estatura, ora con respecto a color, en la forma de la cabeza ni en otros respectos, como se mostrará ahora, que no se observe en la misma proporción en la raza porcuna, es de esperar, que esta comparación hará callar u los escépticos, que llevados de las variedades de la especie humana, han querido admitir mas de una especie.
 En cuanto a la estatura o talla, los Patagones han dado empleo a los antropólogos, a causa de los cuentos extravagantes, y exageraciones de los primeros viajeros, dándoles diez y aun doce pies de altura; pero más cautos los viajeros modernos han medido a muchos, y en lugar de encontrarse con los hijos de Og han hallado muy pocos que lleguen a seis pies y medio; habiendo entre ellos tanta diferencia de estatura como en los puercos de Cuba, que son de doble tamaño del primer par original llevado de Europa.
 En cuanto a color, los naturales de Guinea, Madagascar, Nueva Holanda, Nueva Guinea, &c. son negros; muchas tribus Americanas son de color de cobre, y los Europeos son blancos. La misma diferencia se observa entre los puercos de diferentes países. En el Piamonte, por ejemplo, son negros; en Baviera son rojos, y en Normandía son blancos por todo el cuerpo.


 El cabello humano es, a la verdad, diferente de las cerdas del puerco; con todo, del modo que miramos esta cuestión, puede compararse uno con otro. El cabello blondo es suave y de la textura de la seda, el cabello negro es mas basto, y entre varias tribus, como los Negros, Abisinios, y Nueva Holanda es lanudo, y más particularmente en los Hotentotes. Lo mismo sucede entre los puercos, la cerda en el blanco de Normandía es más larga y suave que entre los demás, y aun la de los puercos negros en aquel país está pegada al cuero y es igual por todo el cuerpo, siendo imposible emplearla para cepillos ni brochas, la diferencia entre la cerda del jabalí y del puerco doméstico está bien conocida. La mayor diferencia entre el cráneo de un negro y de un Europeo, no es de modo alguno mayor de la que hay entre el cráneo de un jabalí y de un puerco doméstico. Añadiré solamente, que el puerco en algunos países ha degenerado en razas que en singularidad exceden a todo lo que se ha descubierto, como extraño, en las variedades de la especie humana".

 El Instructor, Londres, 1939.

lunes, 2 de marzo de 2015

Piojo de cochino


 La nigua que en el Perú llaman pique, es un insecto casi imperceptible. Su agilidad y pequeñez es tal, que se introduce por la costura del calzado más fuerte, hasta la planta del pie, a cuya parte es aficionada. Regularmente se crían estos insectos en los lugares inmundos, y un poco de aseo en las habitaciones basta para librarse de ellos. Al introducirse la nigua se siente una comezón acompañada de ardor, muy parecida a la que causan los sabañones. Se extrae fácilmente con la punta de una aguja o de un alfiler, y en este estado no tiene resultas: pero si su extracción se executa pasados algunos días, en que la nigua ha penetrado en la carne y ha formado liendres, y al mismo tiempo se moja la parte dañada, es casi seguro el pasmo, enfermedad desconocida en Europa, e incurable, pues aunque algunos han librado de ella, no se le ha encontrado remedio seguro. Sus síntomas son los más funestos. Trabarse las quixadas enteramente, perder el habla, y quedar detenidos todos los movimientos del cuerpo, con especialidad la vista, todo esto no es más que preparativo para la gran punzada, que se experimenta después en el estómago. Es imposible explicar la acerbidad de este dolor que acaba con la vida del paciente; basta decir que se han visto muchos hombres que han mostrado la mayor indiferencia a los dolores más agudos, y a las amputaciones más crueles de la Cirugía, y que estos mismos han dado furiosos alaridos a la tremenda punzada del pasmo. El remedio que se ha hallado para preservarse de las niguas, es el bañarse los pies con aceyte de oliva, el qual las auyenta; también impiden que se introduzcan los zapatos de berraco o cochino, que se citan en esta carta, pues como son todos de una pieza, no tienen conducto por donde entrar. Es cosa bien rara que criándose estos insectos en los chiqueros o lugares donde se revuelcan les cerdos, no se introduzcan en el cutis de estos animales, llevándolos regularmente entre su pelo. Las gentes del campo de la Isla de Cuba las llaman piojos de cochino, y abundan prodigiosamente en todos los lugares donde hay cría o ceba de animales. 


 Nota comunicada por un Subscriptor Havanero, 1799. 

domingo, 1 de marzo de 2015

Monstruosidad




 
  El Dr. Miranda presentó en un frasco y conservado en alcohol un feto monstruoso, que según carta del Sr. D. Lino Martínez, con otro que no tenía mandíbulas inferiores los dio muertos a luz una puerca el día 11 de Marzo del corriente año: era del 2.do parto, y en él tuvo dos más naturales, que han sobrevivido: "créese, agrega el Sr. Martínez, que estando encerrada donde hay un perro, ésta sea la causa de lo extraño de su parto, en razón a que en el primero parió ocho y todos ellos los crió." 

 Consultado el Sr. D. Felipe Poey, manifiesta en una nota, que en los puercos es caso frecuente el que actualmente se observa, esto es, la nariz desprendida en forma de trompa en la parte superior del cráneo, y los ojos confundidos al parecer en un solo globo, situados en la parte inferior de la base de dicha trompa; poseyendo dos ejemplares el Gabinete de la Universidad de la Habana.

 El Dr. Rocamora cree, como el Sr, Poey, que esas monstruosidades son bastante comunes en los puercos: hace algún tiempo que regaló a la Academia de Ciencias Naturales de Barcelona un individuo compuesto de dos cuerpos unidos en una sola cabeza, con la nariz en forma de trompa y las orejas implantadas en la mandíbula inferior: había ocurrido el suceso en S. Juan de los Remedios, muriendo la puerca de resultas del parto. El mencionado socio cita otro caso que figura en el establecimiento de Farmacia del Sr. Le Riverend.


 Anales de la Academia de Ciencias Médicas Físicas y Naturales de La Habana, T-X, 1873, pp. 82-83.