viernes, 25 de marzo de 2022

Con motivo de cierta reunión de sugetos de buen humor el día 1 de enero de 1811

 


Manuel de Zequeira 

 

Yo vi por mis propios ojos

(Dicen muchos en confianza)

En una escuela de danza

Bailar por alto los cojos:

Hubo ciegos con anteojos

Que saltaban sobre zancos,

Y sentados en los bancos

Para dar más lucimientos

Tocaban los instrumentos

Los tullidos y los mancos.

 

Dejó luego el abanico

Una negra conga y sucia,

Y entre ella y el rey de Prusia

Bailaron el zonzorico:

Un musulmán de Tampico,

Que era ciego, con carbón

Dibujó a la perfección

Lo que observó en el estrado,

Y en un círculo cuadrado

Le envió el mapa a Salomón.

 

Cicerón y Preste Juan

Archiduques de Judea,

Riñeron con Dulcinea

Por celos de Tamorlan:

Don Quijote en Perpiñan

Tuvo a mal estos conciertos,

Y vino por los desiertos

Con los siete griegos sabios

Desfaciendo los agravios,

Y enderezando los tuertos.

 

En esta misma ocasión

Se vieron distintas cosas,

Que por ser maravillosas

Se hacen dignas de atención:

Fue destruido el Paladión

Entre las ascuas tiranas,

Y las mugeres troyanas

Vasallas de don Rodrigo,

Huyeron del enemigo

Hasta las islas Marianas.

 

Entonces dicen que fue

Cuando con presteza suma,

Salió huyendo Moctezuma

Sobre el Arca de Noé:

A este tiempo Berzabé

Con chinelas y tontillo,

En Mantua asaltó un castillo,

Y entre otras cosas que callo,

Dio una carrera a caballo

Sobre el filo de un cuchillo.

 

Viendo la Reina de Hungría

Que tan mal iba la danza,

Quiso emplear a Sancho Panza

En su gran secretaría:

Heráclito se reía

De verlo tan haragán,

Y entonces el padre Adán

Despachó con Amaltea

Ejércitos de Guinea

Para el sitio de Ámsterdam.

 

Carlos doce, rey de China,

En medio de este rumor

Dictaba sobre un tambor

Varias cartas a Agripina:

Y el Cardenal de la Mina

Que era un soldado sencillo.

Le envió a Horacio en un anillo

Por prendas muy delicadas,

Seis esmeraldas rosadas

Con un granate amarillo.

 

Sabiendo esta quisi-cosa

Don Homero y don Virgilio

Le escribieron a Pompilio

Cinco décimas en prosa:

La princesa Sinforosa

Se quejó por esto al Cid,

Y entonces allá en Madrid

Los doce pares de Francia,

Compusieron a su instancia

Los Salmos del Rey David.

 

El devoto rey Melchor

Que fue blanco como armiño,

Mandó por presente un niño

A Nabuco Donosor:

Don Lincoya inquisidor

Lo tuvo a muy mal agüero,

Y entonces aquel guerrero

Llamado Juan de la Encina,

Puso presos en Medina

A Ercilla, Solís y Azuero.

 

Entre el Géminis y Acuario

Y el camino de Helicona

Atacaron a Pomona

Los ejércitos de Mario:

Y el capitán Belisario

Que fue insigne por su arresto,

Quedó para siempre expuesto

Entre ciegos peregrinos

Andando por los caminos

Apoyado a un anapesto.

 

Pasando por Erimanto

EI Hércules con su clava

Encontró a la reina Cava

Convertida en el Crisanto:

Bebió el agua del río Janto

Al pasar por Dinamarca,

Y de aquí con una barca

Él y Timantes pintor

Arribaron al Tabor

Donde vieron al Petrarca.

 

Cuenta por fin Eliodoro

Que nació caso (inaudito)

De una liendra un gran mosquito

Y de este mosquito un toro:

Esto publicaba un loro

Muy ufano en Puerto-Rico,

Cuando alzando en el Guarico

Alto vuelo un tomeguín,

Fue a parar hasta Turín

Con un camello en el pico.

 

Mitrídades, gran visir,

Sabio en las reglas de su arte,

Conquistó con Bonaparte

El gran fuerte de Aboukir:

Después hicieron construir

Desde Egipto hasta la China

Un puente de cornalina,

Y antes de ponerse el sol

Asaltaron al Mogol,

Y triunfan en Salamina.

 

Ya sobre aquel hemisferio

Se veían sin disfraz sus reflejos

de la paz dibujados por Tiberio:

Mas después con vituperio

Los borró del horizonte

El terrible Faetonte,

Porque este desde la Rioja

Incendió con bala roja

La barquilla de Aqueronte.


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