viernes, 2 de agosto de 2013

Escuela de gimnasia





 Si se examina el sistema de educación adoptado en Cuba, se verá que solo tiene por objeto el cultivo de las facultades intelectuales, olvidándose de robustecer el cuerpo y dejando en una completa inacción los órganos de los sentidos y de la locomoción. No pensaban así los antiguos, pues los griegos y los romanos incluyeron la educación física en sus leyes, apoyados sin duda en el principio de Platón de que la gimnástica daba ligereza al cuerpo y comunicaba al espíritu una actividad nacida del sentimiento intimo de la robustez y de la salud.
 Estas costumbres, conservadoras de la higiene pública, se perdieron en las naciones modernas, conservándose apenas débiles rastros de su existencia. Por mucho tiempo el baile, la esgrima, la natación y la equitación, han sido los únicos ejercicios de la juventud, hasta que el ilustre Pestalozzi, después de los infructuosos ensayos hechos en Dessau y en Schepfenthal, establece un gimnasio en Iberdun del que salieron numerosos discípulos que de vuelta a su patria los introdujeron en ella y se multiplicaron en Alemania, Suiza, Dinamarca, Rusia, Suecia y recientemente en Inglaterra, donde el gobierno los protege con vigor. En Prusia las autoridades han declarado que la gimnástica formaría una de las bases fundamentales de la educación pública; pero en ninguna parte había alcanzado el grado de perfección de que era susceptible y estaba reservado al coronel D. Francisco Amorós, sobrepujar al mismo Pestalozzi.
  En la época que el gimnasio de este servía de modelo en Europa, Amorós establecía en España el suyo bajo los auspicios del Sr. D. Carlos IV, y entre sus discípulos se contaban a los hijos de las principales familias de la corte, siendo uno de ellos el infante D. Francisco de Paula. La mala suerte que cupo a España en aquella época, derribó su establecimiento y con él las filantrópicas miras de su fundador, que tuvo que emigrar, y habiéndose naturalizado en Francia llevó a cabo en París el proyecto que había ensayado en su patria: aquí como allá tuvo por discípulo a un príncipe de la sangre Real, al Duque de Burdeos, heredero presunto del trono bajo la dinastía de Carlos X. El gimnasio normal civil y militar de París, es de lo más grandioso que se conozca en su clase, y tan digno es de los tiempos antiguos por su tamaño y por la multitud de máquinas e instrumentos que tiene para los ejercicios, como de los tiempos modernos por el espíritu de su institución.



  Discípulo de él por tres años consecutivos y convencido por mi propia experiencia de las inmensas ventajas que produce, tanto individualmente como con respecto a la salud y la moral pública, me he propuesto establecer en esta capital una escuela normal de gimnástica, contando para fundarla con el patrocinio del ilustrado Cuerpo patriótico que invoco por medio de V. como secretario de su Sección de Educación, pues creo que por el enlace que tiene con esta debe ser de su incumbencia.—Mi objeto es seguir en cuanto lo permitan las circunstancias, el sistema adoptado por el Sr. Amorós en su establecimiento, no solo por hallarme persuadido de que es el mejor, sino por haber también practicado su sistema.
  Un establecimiento de esta clase no puede reemplazarse como lo han pretendido algunos, ni por las academias de baile o esgrima, ni por los picaderos, ni escuelas de natación, ramos accesorios de la gimnástica; pues los ejercicios que en ellos se practican no fortalecen sino ciertos músculos, y no enseñan sino algunos movimientos, al paso que una escuela de gimnástica bien organizada, abraza estos ramos y todos los demás que tienden a perfeccionar y robustecer al hombre. En estos establecimientos es donde únicamente pueden hallarse los instrumentos necesarios para ejercitar como es debido todos los miembros desarrollando las fuerzas, la agilidad, la destreza y las otras cualidades de que es susceptible la especie humana; en ellos es donde el médico puede hacer sus aplicaciones dirigiendo y modificando los movimientos musculares con el fin de curar algunas enfermedades, y haciendo uso de máquinas propias para corregir los defectos y vicios de la naturaleza.
 Movido por el amor de la humanidad y considerando los perjuicios que consigo trae el errado sistema de educación puramente intelectual, en el que se desprecia sin razón el desarrollo de la mitad de las facultades del hombre, y pensando también en el grave daño que puede resultar (que por desgracia no es ilusorio) para la salud de los jóvenes de una vida en extremo inactiva y de una continua exaltación de la sensibilidad cerebral, me creo obligado a ofrecer a la Real Sociedad Patriótica la escuela normal de gimnástica, para que por la mitad del precio de las lecciones la reciban los alumnos de los colegios de esta ciudad. Estos jóvenes en sus cortas horas de recreo se abandonan a los impulsos del instinto y se entregan a las diversiones de su edad; mas como no tienen otro móvil que el del placer, no eligen los juegos en que tienen mayores probabilidades de triunfar. En ellos ejercitan exclusivamente las partes más fuertes de su cuerpo y las facultades que tienen más desenvueltas; pero los otros órganos, los más débiles y que por consiguiente necesitan de más desarrollo, quedan en inacción, resultando de aquí que los unos se fortifican y adiestran en la misma proporción que los otros se debilitan y entorpecen: todos estos inconvenientes desaparecerían si aprovechando la necesidad de acción que experimentan los jóvenes se dirigiese metódicamente sus ejercicios. En un clima ardiente como e1 de Cuba en que el desarrollo de las facultades físicas e intelectuales, es tan prematuro y en que todo convida al ocio y al placer; es preciso no olvidar que hay cierta época en que son de absoluta necesidad los ejercicios gimnásticos.— La pubertad! He aquí el escollo en que se estrellan las esperanzas de muchos padres.
  En esta crisis el principal objeto de la gimnástica es el de repartir en todos los miembros la actividad que se encuentra en ciertos órganos, precaviendo los vicios que muy comúnmente está expuesta a adquirir la infancia, o distrayéndola de ellos si ya por desgracia los ha contraído. Solo con la gimnasia, con el cansancio de los miembros, con la violenta excitación muscular, se consigue este objeto, y es bien seguro que alternando los ejercicios físicos con los trabajos intelectuales, se verían menos jóvenes debilitarse en los colegios, minar y algunas veces destruir para siempre una robustez que prometía salud muy duradera: por este medio se evita también el fastidio que necesariamente nace de la uniformidad de una vida de colegio.
  La distancia a que estos están unos de otros será tal vez un inconveniente para que se aprovechen todos los niños de los beneficios de la escuela que me propongo establecer; pero si por influjo de la Real Sociedad Patriótica llegan a determinarse sus directores a introducir en ellos un pequeño gimnasio adoptado a las necesidades particulares de cada uno, me ofrezco gustoso a dirigir su planificación sin llevar nada por mi trabajo.
 Confiando pues, en el interés del ilustrado Cuerpo Patriótico por el bien del país y en el loable empeño de V. por las mejoras de la educación, espero que se aprovechará de esta circunstancia para abogar en su obsequio, y que sostendrá mi solicitud con todas las razones que le sugiera el convencimiento que tiene V. de su utilidad.
  Dios guarde a V. muchos años. Habana 21 de marzo de 1839.—J. Rafael de Castro.—Sr. secretario de la Sección de Educación Dr. D. Manuel González del Valle.

 Memorias de la Real Sociedad Patriótica de La Habana, Volumen 7, 1838, pp. 415-17.