lunes, 28 de enero de 2013

Imagen






 Reina María Rodríguez


 He visto el trasero de un puerco esta mañana. El puerco venía amarrado a una bicicleta y atravesado de lado a lado debajo del coche; pasaba la Avenida de Italia, una de las más céntricas de La Habana, como ya dije. Pasó frente a semáforo, frente a los peatones, frente a Variedades de Galiano (perteneciente a la cadena Imagen, según me enteré en mi recorrido). Entonces ese puerco que viajaba transversal, cuyo culo es rosado-beige, pertenece a la misma cadena. Su carne abierta aún gotea sobre el asfalto. ¡Siento pena por él! Y un olor a puerco achicharrado sale de la próxima esquina donde asan a un compañero suyo. Estoy mareada. Es ley que así sea. Los niños llevan puchas de flores al mar (mariposas blancas) y sonríen al verlo atravesar la calle. Los viejos venden “chucherías”: el café que le dan en la bodega, los cigarros, la pasta dental, y juegan con chapas de botellas vacías en la acera. Uno, al pasar, me piropea y toca una clave prieta con la que pretende detenerme y cantar. Aparto la cabeza y niego que quiero escucharlo. Se molesta. El mar, el puerco, el sol, la luz contra las chapas hacen una intersección pintoresca y me pregunto, si es real que estoy aquí, que amanezco con ellos. Árbol, flor, puerco espín, como en las composiciones de la escuela.
 Vuelo a ser una niña floreada con la maleta de metal reluciente, donde unas bailarinas danzas piruetas sobre la merienda. Llevo un cintillo color mamoncillo. (Mamoncillo y azul es el color para este día). “¿Podríamos haber vivido mejor?” –me pregunto, porque conozco la respuesta. “Naturalmente” –me respondo, y sigo de largo. Quisiera caminar hacia atrás, con  la ilusión óptica de esos asientos invertidos de trenes más veloces, pero el entusiasmo por ser diferentes me cegó y cambié de posición dentro del tren.
 Soy como ese puerco atravesado en el coche de un bicicletero y seré vendida en la plaza mayor. Cruzo el portal, la misma acera pedregosa, el mismo semáforo sombrío y la anciana María con su saya también al revés me señala, abriendo descomunalmente una boca con dentadura postiza, el fin de la apuesta que con ella inicié. El cuchillo con el cortaré las mitades truncas, hinca. ¿Cree o no creer? Más allá, hacia la esquina, colocan urnas de cartón pintadas donde la población votará.
 El tiovivo sigue detenido y la niña que fui salta solita con sus trenzas sucias sobre los caballitos coloreados. “¡Cinta roja entre las trenzas!”, dice María y recoge la imagen que le regalan, doble.  Mariposas, derrumbes, fosas abiertas. Se baja del tiovivo. Los alrededores son yerbas que otros pisotean, no caminos. ¿Dónde tengo un jardín, un amigo? ¿Dónde esa nube particular y borrosa de ayer?
 Todos son extraños, desconocidos, gente, gente…
 La cadena Imagen me estafa. No conozco la carne de puerco espín, las mariposas blancas, el trébol de ocho puntas que persigo. (La disminución de pretensiones conduce al estado de la mendicidad sostenida.) El manicomio local, municipal, su explanada frente a mí que no puedo torcer el destino. Aceptamos la rigidez de la imagen, las urnas paralelas, la encomienda cotidiana: todo perfecto porque está vacío. ¿Dónde están los tiovivos de mi infancia? ¿Los relámpagos? Y el grito, de que dispongo ahora, viene de otra voz y me sobrecoge.
 Soy una turista, indiferente a la sangre del puerco que se pega al asfalto; indiferente a la curvatura que hace la bicicleta al doblar junto a mí. Entonces, el juego al Monopolio en un cartón grande con figuritas que valen cualquier precio: vidas, casas, situaciones, arrepentimientos. Pero tanto me acomodo a fingir que sigo dentro del juego (y del tablero) colocado al fondo.
 ¿Aspiraciones?, ¿preguntas qué cuáles son mis aspiraciones?
 Pura bachata cubre de flores blancas la impertinencia de una anciana (que no es María, que no es Marina) que no deja de parlotear. Regreso por sus ojos caídos, por su piel como ropa estrujada. “No es nada, digo, no es nada”. Y ensarta una agujeta con la que cose el color mamoncillo del día a la cinta roja en las trenzas. 

  Tomado de Variedades de Galiano