viernes, 25 de enero de 2013

El camino del cementerio





 Soleida Ríos


 Había mucho movimiento y podría ser festivo porque me veo andando con un muchacho yendo y viniendo entre edificios muy iluminados. El muchacho es alto y delgado, no creo que lo conozca. No es Gigi. No es aniñado ni lacio como Gigi. Sin embargo, tenemos un acercamiento. Hay entre nosotros una sensación de espera de lo que va venir, un cierto grado de calor que yo he sentido erótico y no existe con Gigi. Ese movimiento nos reúne con otras personas. Parece que es festivo aunque, pensándolo bien, puede haber otras razones. Pero nada de esto es lo me interesa.
 Por la mañana, como en un semisueño, hago por recordar lo que había visto antes, lo que en verdad me interesaba. Esforzándome para recordar, de pronto, salto en la cama. Un ratoncito me cruzó por encima, o me rozó, o vi que iba a rozarme. Salté en la cama, no es que soñara que saltaba. Salté y pude recorder. Lo que había visto antes era un grupo de personas que iban por el agua, por un río, para el cementerio. Caminaban en el agua rumbo al cementerio. Yo los veía de espaldas, veía el boscaje, los árboles, no el verde de los árboles, y el agua y los pies en el agua. Yo no iba. Y se lo comenté a alguien, ése que no era Gigi, “no voy al cementerio”. Parece que había que ir al cementerio, masivamente. No me interesaba ir al cementerio y además no quería tomarme el trabajo de ir por dentro del agua. La otra persona, que no es Gigi pero ahora sé que tampoco es el muchacho de la espera, me responde que yo tendría que ir alguna vez y yo insisto que no.
 -Nunca.
 El Camino del cementerio antes era otro. Eso lo sabía, lo tengo claro, y la persona con la que hablo también lo tiene claro. El Camino anterior era otro, por tierra, como debe ser, y lo han utilizado para otras cuestiones. Esa persona me hace ver, con excesivos argumentos, que el cambio de Camino obedece a una necesidad y, como ya es un hecho el camino a través del agua, dice que yo tendría forzosamente que ir también por ahí, igual que los demás. Pienso, o le digo, que a mí lo que molesta, lo que me hace trinar no es ir al cementerio sino ir obligatoriamente y por un camino que no es el Camino del cementerio.

 Calle Concordia, domingo, 12 de agosto de 1990.