João Cabral de Melo Neto
A
Poesía, te
escribía:
¡flor! conociendo
que eres
heces. Heces
como
cualquier cosa
engendrando
hongos
(raros,
frágiles hon-
gos) en el
húmedo
calor de
nuestra boca.
Delicado
escribía
¡flor!
(¿Hongos
serán
flor? Especie
extraña
especie
extinta de
flor, flor
no del
todo flor
sino flor:
burbuja
abierta en
lo maduro)
Delicado,
evitaba
el
estiércol del poema,
su tallo,
su ovario,
sus
intestinos.
Esperaba
las puras,
transparentes
floraciones,
nacidas
del aire, en el aire,
como las
brisas.
B
Después
descubriría
que era
lícito
llamarte: ¡flor!
(¿por
vuestras iguales
circunstancias?
¿Vuestras
gentiles
sustancias? ¿Vuestras
dulces
carnaciones? ¿Por los
virtuosos
vergeles
de
vuestras evocaciones?
¿Por el
pudor del verso
—pudor de
flor—
por su tan
delicado
pudor de
flor,
que solo
se abre
cuando la
olvida
el sueño
del jardinero?)
Después descubriría
que era
lícito
llamarte: ¡flor!
(flor,
imagen de
dos puntas
como
una
cuerda). Después
descubriría
las dos
puntas
de la
flor; las dos
bocas de
la imagen
de la
flor: la boca
que como
el difunto
y la boca
que orna
el
difunto, con o tro
difunto
con flores,
—
cristales de vómito.
C
¿Cómo no
invocar el
vicio de
la poesía: el
cuerpo que
entorpece
al aire de
versos?
(Al aire
de aguas
muertas,
inyectando
en la
carne del día
una
infección de la noche).
¿Hambre de
vida? Hambre
de muerte,
frecuentación
de la
muerte, como de
algún
cinema.
¿El día? Árido.
Venga pues
la noche,
el sueño. Venga,
por eso,
la flor.
Venga, más fácil y
portátil
en la memoria,
el poema,
su práctica,
su
lánguida horti-
cultura?
Pues estaciones
hay, del
poema, como
de la
flor, o como
en el amor
de los canes:
y mil
monótonos
injertos,
mil maneras
de excitar
negros
éxtasis: y la monótona
espera de
que se
pudra en
poema,
previa
exhalación
del alma
difunta.
D
Poesía, no
será ese
el sentido
em que
aún te
escribo:
ίflor! (Te
escribo:
¡flor! No una
flor, ni aquella
flor —
virtud — en
disfrazados
orinales).
Flor es
palabra
flor,
verso inscrito
en el
verso, como las
mañanas en
el tiempo.
Flor es el
salto
del ave
para el vuelo:
el salto
fuera del sueño
cuando su
tejido
se rompe;
es una explosión
puesta a
funcionar,
como una
máquina,
un jarrón
de flores.
E
Poesía, te
escribo
ahora:
heces, las
heces
vivas que eres.
Sé que
otras
palabras
eres, palabras
imposibles
de poema.
Te
escribo, por eso,
heces,
palabra leve,
contando
con su
brevedad. Te escribo
saliva,
saliva, no
más; tanta
saliva
como la
tercera
(¿cómo
usarla en un
poema?) la
tercera
de las
virtudes teologales.
Traducción:
Carlos Germán Belli
Poemas
/ Joao Cabral de Melo Neto;
traducción de Carlos Germán Belli; presentación de Manuel Pantigoso, Lima, Centro
de Estudios Brasileños, 1977.
No hay comentarios:
Publicar un comentario