sábado, 16 de mayo de 2026

ANTIODA (contra la poesía que pretende ser profunda)

 

João Cabral de Melo Neto

 

                     A

 

Poesía, te escribía:

¡flor! conociendo

que eres heces. Heces

como cualquier cosa  

 

engendrando hongos

(raros, frágiles hon-

gos) en el húmedo

calor de nuestra boca.

 

Delicado escribía

¡flor! (¿Hongos

serán flor? Especie

extraña especie

 

extinta de flor, flor

no del todo flor

sino flor: burbuja

abierta en lo maduro)

 

Delicado, evitaba

el estiércol del poema,

su tallo, su ovario,

sus intestinos.

 

Esperaba las puras,

transparentes floraciones,

nacidas del aire, en el aire,

como las brisas.

 

                    B

 

Después descubriría

que era lícito

llamarte: ¡flor!

(¿por vuestras iguales

 

circunstancias? ¿Vuestras

gentiles sustancias? ¿Vuestras

dulces carnaciones? ¿Por los

virtuosos vergeles

 

de vuestras evocaciones?

¿Por el pudor del verso

—pudor de flor—

por su tan delicado

 

pudor de flor,

que solo se abre

cuando la olvida

el sueño del jardinero?)

 

Después descubriría

que era lícito

llamarte: ¡flor!

(flor, imagen de

 

dos puntas como

una cuerda). Después

descubriría

las dos puntas

 

de la flor; las dos

bocas de la imagen

de la flor: la boca

que como el difunto

 

y la boca que orna

el difunto, con o tro

difunto con flores,

— cristales de vómito.

 

                      C

 

¿Cómo no invocar el

vicio de la poesía: el

cuerpo que entorpece

al aire de versos?

 

(Al aire de aguas

muertas, inyectando

en la carne del día

una infección de la noche).

 

¿Hambre de vida? Hambre

de muerte, frecuentación

de la muerte, como de

algún cinema.

 

¿El día? Árido.

Venga pues la noche,

el sueño. Venga,

por eso, la flor.

 

Venga, más fácil y

portátil en la memoria,

el poema, su práctica,

su lánguida horti-

 

cultura? Pues estaciones

hay, del poema, como

de la flor, o como

en el amor de los canes:

 

y mil monótonos

injertos, mil maneras

de excitar negros

éxtasis: y la monótona

 

espera de que se

pudra en poema,

previa exhalación

del alma difunta.

 

                    D

 

Poesía, no será ese

el sentido em que

aún te escribo:

ίflor! (Te escribo:

 

¡flor! No una

flor, ni aquella

flor — virtud — en

disfrazados orinales).

 

Flor es palabra

flor, verso inscrito

en el verso, como las

mañanas en el tiempo.

 

Flor es el salto

del ave para el vuelo:

el salto fuera del sueño

cuando su tejido

 

se rompe; es una explosión

puesta a funcionar,

como una máquina,

un jarrón de flores.

 

                    E

 

Poesía, te escribo

ahora: heces, las

heces vivas que eres.

Sé que otras

 

palabras eres, palabras

imposibles de poema.

Te escribo, por eso,

heces, palabra leve,

 

contando con su

brevedad.  Te escribo

saliva, saliva, no

más; tanta saliva

 

como la tercera

(¿cómo usarla en un

poema?) la tercera

de las virtudes teologales.

 


Traducción: Carlos Germán Belli

  

Poemas / Joao Cabral de Melo Neto; traducción de Carlos Germán Belli; presentación de Manuel Pantigoso, Lima, Centro de Estudios Brasileños, 1977.


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