sábado, 30 de junio de 2018

Borges y la vanguardia cubana. Un apunte



  Pedro Marqués de Armas

 Acompañada por un dibujo de Norah Lange y una breve autobiografía donde resume su carrera literaria, la poesía de Jorge Luis Borges desembarcó en Cuba el 5 de junio de 1927. Cinco poemas que recogió el Suplemento Dominical del Diario de la Marina en su sección “Poetas de Ahora”, la cual apareció, a instancias de José A. Fernández de Castro, el 13 de marzo de ese año, es decir, casi al mismo tiempo que el número inaugural de Revista de Avance. 

 Dos de esos cinco poemas, “Rusia” y “Gesta maximalista" -publicados en las revistas madrileñas Grecia (1920) y Ultra (1921)-, como tantos otros textos de su etapa española, Borges no los había incluido en Fervor de Buenos Aires (1923) y Luna de enfrente (1925), sus libros de poesía publicados hasta esa fecha.

 No obstante, al menos uno de ellos seguía circulando en diversas publicaciones, bien acogido, por lo que parece, a su consentimiento. Es el caso de “Rusia” que apareció, entre otros, en la revista Cuasimodo (1921) y en Índice de la nueva poesía americana (1926), antología que el propio Borges prologa junto a Vicente Huidobro y Alberto Hidalgo.

 Sin embargo, según indica un paréntesis al final del texto autobiográfico que sirve de introducción a los poemas reproducidos en "Poetas de Ahora", éstos habrían sido tomados de la Antología de la poesía moderna en la Argentina (1926) de Julio Noé. Al señalarse como única fuente, se deduce que habrían sido tomados en su totalidad de esta selección. No es así, puesto que los incorporados a dicha antología y, a la vez, a la muestra del Diario de la Marina, fueron exclusivamente "Remordimiento por cualquier defunción", "Dulcia linquimus arva" y "Antelación de amor", y no los "poemas rusos".   

 Dos años antes, Lizaso y Fernández de Castro habían ideado la realización de una antología semejante en Cuba, que publicarían en Madrid meses más tarde que la de Noé. Pudieron, eso sí, consultarla, y tomar de allí esos tres poemas ya incluidos en libros; pero surgen dudas al respecto, toda vez que la "autobiografía" que reproduce el Suplemento Dominical contiene, al final, una línea más que reza: "Con Ricardo Guiraldes, Pablo Rojas Paz y Brandan Caraffa fundé en Agosto de 1924, una segunda revista: Proa". Ausente en la edición de Noé, y no recogida esta variante (décadas más tarde) en Textos recobrados, todo haría pensar -en principio- en la consulta de otras fuentes al margen de las citadas antologías.

 Se suma a ello una complicada elucidación, por cuanto, a diferencia de "Rusia", el titulado “Gesta maximalista” no fue incluido en Índice… y, según las muy autorizadas bibliografías borgeanas, no volvió a publicarse desde su original aparición en la revista Ultra en 1921; Monegal lo rescataría en Borges: una biografía literaria, pero para entonces han pasado cincuenta años de su olvidada edición en La Habana.

 Dicho esto, cabría preguntarse por una colaboración directa de Borges, que Borges mismo hubiera elegido los poemas. De hecho, en una versión previa de estos apuntes así lo había considerado, tanto más al encontrar notables diferencias entre las variantes “habaneras” de “Rusia” y “Gesta maximalista” en relación a las originales, como respecto a otras que se conocen.

 Pero entonces no había reparado aún en las “versiones fragmentarias” que, de ambos poemas, publicara Guillermo de Torre en Literaturas europeas de vanguardia (1925). Todo lo cual echa por tierra la aludida colaboración directa de Borges, ya que los “poemas incompletos” (y advertidos en cuanto tal por de Torre) resultan en realidad los reproducidos en el diario habanero, que no reparó en tales advertencias, al eliminar los puntos suspensivos que indicaban la ausencia de algunos versos.

 Así que no es Borges quien añade “Rusia” y “Gesta maximalista” –en versiones que suponíamos quirúrgicas- a “Remordimiento por cualquier defunción” (luego “por cualquier muerte”, Fervor de Buenos Aires), “Lucia linquimus arva” (Luna de enfrente) y “Antelación de amor” (con el tiempo “Amorosa anticipación”, Luna de enfrente); sino los editores cubanos, con más probabilidad Fernández de Castro, quien echaría mano tanto de la antología de Noé como del estudio de Guillermo de Torre.

 En el caso de “Rusia”, al convertir una versión fragmentaria en poema acabado, el Diario de la Marina, y por extensión, este gacetillero, autorizaba la desaparición (respecto del original) de los dos primeros versos:

 “La trinchera avanzada es en la estepa un barco         [al abordaje
 con gallardetes de hurras”

 Así como de los números 8 al 10:

 “El mar vendrá nadando a esos ejércitos   
 que envolverán sus torsos
  en todas las praderas del continente”.

 Por su parte, en “Gesta maximalista”, por igual procedimiento, habrían cuatro versos menos.

 Los dos primeros:

 “Las barricadas que cicatrizan las plazas   
vibran nervios desnudos"

 Y los números 9, 10 y 11:

 “y el ejército fresca arboladura
 de surtidores bayonetas pasa
 el candelabro de los mil y un falos”

 A la vez que persiste “la catedral avión de multitudes quiere romper las amarras”, pero cortado ahora, felizmente, a partir de “quiere”.

 De modo que el lector cubano de 1927 tiene delante una versión apócrifa de Borges, en cualquier caso un poema involuntario. Borges no ha tenido esta vez que esmerarse demasiado. A diferencia de otras empeñadas versiones de estos textos, aquí no hay labor sintáctica alguna (salvo el verso cortado y un “como” que debió añadir de Torre), no se procura un nuevo énfasis, un cambio de tono.

 Se practica una cirugía a fondo, eliminando versos enteros; una cirugía exitosa, toda vez que la sutura resulta indeleble.

 La operación es de tal profundidad que quedan fuera “barco al abordaje”, “gallardetes de hurras”, “ejércitos”, “torsos”, “praderas del continente”, “barricadas”, “nervios desnudos”, “surtidores”, “bayonetas” y hasta “mil y un falos”.

 El resultado –sea achacable al editor, al mecanógrafo o al tipógrafo (entre ellos se urde el crimen) es sencillamente funesto: no solo son poemas menos vigorosos, sino más malos.

 Tras varios años en Argentina, Borges trueca su estilo "ultraico" (el término es suyo) por otro “más dulce” y arrabalero; pero no ha roto aún –definitivamente- con su legado "juvenil" y, comoquiera, con la “apreciación” de los poemas escritos en elogio de la revolución bolchevique. Había descartado, es cierto, la publicación del poemario Ritmos rojos; pero algunos de esos poemas circulan todavía como parte de una narrativa cuyos comienzos no han sido del todo reconfigurados.

 Después de 1931 no volverían a publicarse, al menos bajo consentimiento, las “vocinglerías”, “multitudes” y “torres del Kremlin”.

 Ese año aparece en la revista argentina Metrópolis la última de las esforzadas versiones de "Rusia"; es decir, a poco más de una década de escrito e inicialmente publicado el poema, y tras varios intentos por salvarlo.  

 Cuando en 1978 le anuncian que tales poemas acababan de ser exhumados por unos editores mallorquines, Borges pierde su habitual compostura y está a punto de abrir un proceso judicial. El hombre que había hecho de lo biográfico una cifra de sabiduría y escepticismo, experimenta –pero solo por unas horas- un sentimiento de vergüenza que, bien visto, era más consecuencia de un pecado ideológico que de estilo.

 No lo era en modo alguno en 1927… Borges ya era una figura conocida y apreciada en La Habana. Un año antes el Diario de la Marina había reproducido su ensayo “La adjetivación”, a escasos meses de publicado en Buenos Aires, y la revista Social "Las coplas acriolladas" (ambos en el El tamaño de mi esperanza, 1926). Si no antes, su poesía y textos ensayísticos discurren desde 1924 con la revista Proa y resuenan más tarde en Martín Fierro Síntesis. 

 En Cuba lo leen Mañach, Lizaso, Ichaso, y Fernández de Castro, entre otros; al menos los dos primeros lo leen con intensidad y reciben su influjo, visible en “Programa de criolledad”, de Lizaso, y secreto en “Indagación del choteo”, de Mañach.

 Para los vanguardistas cubanos, sin embargo, a esas alturas Borges no es un poeta pro-soviet, si bien no falta quien señale la influencia de Maiakovski y Esenin. Es un crítico de primera, tan capacitado en Quevedo y Góngora como los mejores estudiosos en España, y sobre todo, una mentalidad que viene a ensalzar lo criollo, o bien, una manera de ser americana. 

 Cuando ese mismo año se establece la llamada polémica del “meridiano intelectual” –La Gaceta Literaria vs Martin Fierro, Madrid vs Buenos Aires, Ortelli y Gasset (Borges), etc. vs Guillermo de Torre, Giménez Caballero, etc.- su figura es invocada en La Habana por quienes se suman a aquella trifulca transatlántica por la lengua (que lo era también por otras cosas menores), defendiendo una peculiaridad continental.

 Borges, que atiza la pelea e incurre en chocantes estereotipos, aporta, pese a todo, autoridad. De ahí que, tanto en La Habana como en Montevideo, San José y México, donde el “meridiano” es una y otra vez contestado y “corregido”, su criterio asome en más de una ocasión como signo de “lo propio”, lo mismo entre quienes entienden en clave de humor el debate, como entre quienes lo asumen con seriedad.

 Después de citarlo, Mañach señalaría: “Los que comulgamos con esta gran fe de la juventud actual en los destinos peculiares de América, no podemos menos que regocijarnos ante lo que hay de propia afirmación valerosa, de robusta confianza en sí mismos y de lejana y esperanzada visión en el desenfado de Martín Fierro”.

 Ichaso lo llama “nuestro Borges”; y Delahoza (nada sospechoso por su posición ideológica y al tanto de las “visiones bélicas” de su pasado) celebra en él la evolución hacia una poesía sin poses que avanza “al encuentro de una pura estética, desprovista de exotismo, que será la estética de la América por venir”. Su agudeza e ironía, su resuelto humor, los rasgos en fin de su estilo, causan admiración y son a menudo señalados. Pero su lugar, para la vanguardia cubana, es más que nada el de representar una nueva expresión cuyo hilo conductor es el nacionalismo literario. 

 Nota: El dibujo publicado en Diario de la Marina como “Retrato por Norah Lange” es, en realidad, de Norah Borges, la hermana del poeta, tal como se aprecia en la imagen que encabeza esta entrada. ¿Cómo aclarar que se haya publicado en Cuba, en el lejano 1927, como perteneciente a la poeta y novelista argentina soñada por Borges -y no solo por él- y vivida a fondo y volando como pluma para Oliverio Girondo? ¿Confusión también de los editores, que recortan –además- la imagen sin que se aprecie el pie que indicaría el nombre, el verdadero, de la dibujante? A igual medida y sin que se observe firma, la imagen acompañó otra nota biográfica del poeta, la conocida como “Jorge Luis Borges” (semejante en contenido y estilo pero no idéntica), en Exposición de la actual poesía argentina (1922-1927) de Pedro Juan Vignale y César Tiempo (Buenos Aires, Minerva, 1927). Al repasar las páginas de Revista de Avance, topamos con alguna colaboración de Norah Borges: un dibujo que escolta el poema de Mariano Brull "Epitafio de la rosa". Acá firma como Borges de Torre, es decir con sus apellidos de casada. No hay más que ver el dibujo para apreciar una clara similitud de estilo entre ambas imágenes: cierto carácter estatuario, un mismo trazo diurno a la vez un tanto ensoñado y helénico. Sobre el rescate de su obra, la de N.B., ver el siguiente texto de May Lorenzo Alcalá.

 Versión que corrige y sustituye la publicada en esta misma página el pasado 30 de junio. 


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