Rafael Pérez Vento

En los días en que la excitación era mayor
publicamos una carta en el Diario de la
Familia, llamando la atención hacia determinadas formas de trastornos
mentales que los italianos designan con el nombre de Paranoia, y aunque por motivos
justificados no nombramos a Nowack, la descripción que hacíamos se adaptaba tan
perfectamente a él, que no había tampoco necesidad de consignar su nombre.
Cuando publicamos la carta, aún no habíamos terminado el examen de los
trabajos, y en una palabra, de su persona, pero los datos que recogimos ya nos
permitían concluir que el descubrimiento hecho por este hombre singular, era un
gran error que había surgido con todos los caracteres de una manifestación
patológica en un cerebro quizás de buena construcción para el trabajo mental,
pero en el que la enfermedad había hecho presa. No de otra manera debe ser
juzgado este hombre, que con sus teorías llegó a conmover hondamente nuestra
sociedad, a tal extremo que durante los dos meses que permaneció entre nosotros
estuvo a la orden del día, provocando hasta discusiones entre distinguidas
personas de nuestro pequeño mundo científico. Y tampoco es la primera vez que
un individuo que sufre determinados trastornos mentales, pero que al mismo
tiempo posee una inteligencia más o menos vigorosa, produce disturbios sociales
y crea doctrinas de naturaleza científica o religiosa que son acogidas por
cierto número de personas.
Nowack es el primer caso que observamos de
Paranoico intelectual. Y lo reconocimos como tal, porque dedicados
exclusivamente al cultivo y al ejercicio profesional de las enfermedades
mentales, conocíamos desde hace largo tiempo algunos de los trabajos publicados
respecto a estas sorprendentes anomalías que por no alterar las facultades
silogísticas, y por presentarse en seres que poseen inteligencia, pasan largos
años de su vida entregados a una idea delirante o a una alucinación, sin dejar
sospechar su estado patológico. Hubiéramos deseado reconstruir su vida, esto es
hacer su historia clínica completa, sin que lo hayamos podido lograr; pero
aunque esta falta deja bastante truncado nuestro trabajo, no es suficiente
obstáculo para impedirlo, pues los trabajos científicos que hemos recogido, las
noticias que de él ha dado a conocer la prensa diaria y en general su conducta
en La Habana, son datos suficientes que permiten sin temor al error
considerarlo como un paranoico. Vamos primero a hacer su presentación, y
dejaremos para el final el estudio analítico de este hombre singular, a quien
no se le puede negar inteligencia, y mucho menos honradez, de la que se ha
tratado de despojarlo hasta por algunas de las mismas entidades que le
brindaron benévola acogida.
El profesor austriaco José Federico Nowack
llegó a La Habana en el mes de febrero, al frente de una expedición compuesta
de un hermano y de un intérprete. Fue presentado en los centros oficiales por
el vice-Cónsul de Austria Hungría; dispensándosele una amable acogida como
hombre de ciencia y como fundador de los Institutos Nowack de Londres y Viena.
Algunos periódicos dieron cuenta a sus lectores de la llegada de este sabio; de
sus propósitos de permanecer en Cuba para recoger 2000 ejemplares del “abrus
precatorius” y de que daría una conferencia sobre sus descubrimientos. El Sr.
Nowack recoge los números de esos periódicos y marca con lápiz rojo el suelto a
él dedicado y pone un sello en inglés que dice: “Expedition of the Nowack
Institution, Cuba and México 1906”. Los institutos de que se titula Director no
existen más que en su imaginación.
En la mañana del 23 de febrero, celebró una
conferencia con el Secretario de Agricultura, explicándole su sistema y
pronosticando un gran movimiento geológico. Tenemos en nuestro poder uno de los
números del Diario de la Marina que
daba la noticia, y que Nowack entregó a determinada persona marcado con lápiz
rojo y sellado.
En el mes de abril dio una conferencia en el
Instituto de Segunda Enseñanza, publicada íntegramente en La Discusión el día 29. Posteriormente dio otra conferencia en la
Academia de Ciencia, y después en el Ateneo que fue la que escuchamos y en la
que se concretó a hacer leer la publicada en La Discusión, lo mismo que hizo en la Academia de Ciencias. De modo
que en realidad no ha dado más que una conferencia: la del Instituto.
Los sueltos publicados en algunos de los
periódicos, no nos cabe duda, fueron escritos por él, pues tienen gran parecido
con los publicados en Europa. Y en cuanto a la conferencia del Instituto, es
una traducción, casi completa, de un folletico que hace tiempo publicó.

Durante su permanencia en la ciudad se ha
ocupado de visitar con frecuencia las redacciones de los periódicos. En cambio
no tenemos noticias de que visitara aquellos centros científicos que tienen
íntima relación con sus descubrimientos. Fuera de esta marcada inclinación a la
exhibición que indudablemente padece nuestro sabio, se ha concretado a recoger
sus ejemplares de Peonía, para enviarlos a los soi-disant Institutos de Londres y Viena. Nos abandonó,
embarcándose para México, el mismo día que esperaba ocurriera algún movimiento
sísmico o grave perturbación atmosférica. Y aunque ya el público en parte
tomaba el asunto de guasa, sin embargo, no pocas familias se fueron de La
Habana, unas para el extranjero y otras para los alrededores, huyendo a la
catástrofe pronosticada. Uno o dos días antes de embarcarse presentó un escrito
en la Secretaría de Agricultura pidiendo una respetable cantidad para fundar un
Instituto Nowack.
Recorrer sus obras es relativamente fácil
porque no ha sido muy fecundo. Aunque en el índice que pone al final de un
folleto titulado “A los que duden. –Contestación a los críticos sobre mi planta
del tiempo”, figuran 12 títulos, no son todos de trabajos científicos, pues
cuenta entre ellos un prospecto cuyo resumen vamos a dar por ser una exposición
de su sistema, y de los fines que se propone; una hoja suelta que titula
“Recortes de la prensa diaria escogidos entre mil” y que por el título se
supondrá cual es el contenido; recortes de muchos periódicos políticos
europeos, que se refieren a su descubrimiento, tratando la cuestión lo mismo
que lo ha hecho nuestra prensa de información; otra hoja cuyo epígrafe es
“Cartas de recomendación” en la que figuran las cartas que ha recibido en
contestación a las que él dirigió acompañando sus trabajos al príncipe de
Gales, a los almirantes ingleses Cochrane y Beresford, al Presidente de la
Cámara Marítima de las Compañías de Navegación Extranjeras de Constantinopla, a
Mr Loewy, Director de los Observatorios de París, etc., redactadas todas más o
menos en el mismo estilo, en las que se dan las gracias por sus envíos y se le
desea mucho éxito en sus investigaciones.
Sólo tres o cuatro de sus publicaciones son
realmente trabajos en los que hace alguna exposición de sus teorías, con todas
las reservas a que le obliga su intención de no revelar las leyes por él
descubiertas, hasta tanto que no sean creados los Institutos Nowack, lo que
parece ser su ideal. Tiene anunciada la aparición de una obra para el mes de
mayo corriente, editada en inglés y alemán que se vende por suscripción al
precio de 105 marcos. Todos los demás trabajos se venden a precio ínfimo
algunos, y otros se regalan. El es el editor de todas sus obras que imprime
lujosamente; en las de más importancia figura su retrato, y la fotografía de
una urna regalada al Emperador de Austria conteniendo la “Planta del tiempo”.
Por el “Prospektus” podemos enterarnos de sus
propósitos: “llamar la atención general sobre el Instituto Nowack de Londres, habiéndose
escogido este lugar como estación central por razones científicas, aunque su
esfera de actividades se extiende sobre toda Europa, las comarcas del
Mediterráneo y el norte del Océano Atlántico”. Este Instituto Central así como
las sucursales que se funden tendrán por misión publicar “por anticipado datos
ciertos de las circunstancias atmosféricas y de los fenómenos críticos de la
naturaleza, sus consecuencias desastrosas, tempestades, ciclones, inundaciones,
granizadas, temblores de tierra, erupciones volcánicas, etc., todo lo que
permite hacer su sistema gracias a los principios descubiertos y perfeccionados
por el sabio J. F. Nowack que durante 20 años ha hecho estudios profundos en
Austria, Hungría, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Rusia y Turquía”.

Promete con este método indicar: 1ro, Con 24 o
26 días de anticipación las fluctuaciones mínimas y máximas del barómetro, y
por consecuencia los peligros de las erupciones volcánicas, temblores de
tierra, alteraciones atmosféricas, etc.: 2do, Con 2 a 8 días de anticipación
los distritos en que exista buen tiempo, nieblas, lluvias, o nieve. Por último,
una de las ventajas más extraordinarias de su sistema es que los fenómenos más
desastrosos son previstos con más exactitud y mayor tiempo de anticipación por
medio de la planta meteorológica. Este es en resumen el prospecto, que como
figura ocupando el primer lugar en el índice de sus obras, es lógico pensar
haya sido su primer artículo sobre su sistema. Está bien editado, no faltando
la urna con las peonías regalo al Emperador ni su retrato.
Si de la relación de los trabajos pasamos a
examinar la conducta que nuestro anómalo mental ha seguido durante su
permanencia en La Habana, nos sorprenderá tanto como la lectura de sus trabajos
titulados científicos. Recuérdese que en su prospecto, anuncia la salida de una
misión a cuyo frente viene en busca del abrus
precatorius nobilis, en número de dos mil, para sus institutos de Londres y
de Viena, deteniéndose aquí, de paso para México, por haber encontrado grandes
cantidades en las inmediaciones de esta ciudad. Provisto de cartas de
recomendación se consiguió la valiosa cooperación del Cónsul de su nación, que
fue su introductor en las altas esferas del Gobierno. Visitó las redacciones de
los periódicos, dando cuenta éstos a sus lectores de la llegada de persona tan
ilustre y de sus propósitos en los mismos términos que lo habían hecho los
periódicos de Europa. Pocos días después de su llegada celebra una conferencia
con el Secretario de Agricultura, y le notifica que las observaciones que había
realizado permitían pronosticar un movimiento sísmico de consideración del que
no tenía la seguridad absoluta, pues era la primera vez que observaba la peonía
silvestre, pero que si los movimientos en la planta silvestre eran iguales a
los de la peonía cultivada, su pronóstico era fatal, teniendo además en cuenta
las manchas solares que debían haber presentado del 17 al 30 del mes; por lo
que rogaba se pidiera al observatorio de Washington las fotografías. Las
perturbaciones sísmicas las pronosticó para el 15 al 19 de mayo.
Mientras llegaban las fotografías de las que
parecía depender la suerte de los que habitábamos la capital de la República,
raro fue el día que Nowack dejaba de manifestarse, visitando redacciones de
periódicos, celebrando interviews y dando noticias a los periódicos.
El día 8 de mayo llegó la contestación de
Washington, diciendo que “no había aparecido ninguna mancha ni grupo notable
durante el expresado período de tiempo”. Mr. Nowack no creyó lo que el Director
del Observatorio escribía; dijo que las manchas debían haberse presentado
pasando inadvertidas para el Observatorio, que procedía en este caso de
idéntica manera que hace algunos años, negándose a colaborar en investigaciones
de un extranjero que se apartaba de su sistema rutinario. El final de todo este
sainete provocado por sus teorías y descubrimientos es una instancia que
presentó al Gobierno pidiéndole 50 000 pesos para crear un Instituto-Nowack, y
2000 para los gastos de sostenimiento.
La conducta de Nowack en La Habana es
exactamente igual a la que ha seguido en los países que ha visitado, con el
ánimo de implantar su sistema, y de crear su Instituto; el mismo procedimiento
de introducción, el mismo acogimiento, los mismos pronósticos, la misma
petición de crédito (…)
Hagamos caso omiso a Nowack, y veamos las descripciones
que se dan de los que se encuentran comprendidos en esta variedad de trastornos
intelectuales que los franceses más generalmente llaman delirios parciales o
sistemáticos y los italianos y alemanes, paranoicos….
Ballet en su Tratado de psiquiatría dice: “Son estados psicopáticos funcionales
caracterizados por ideas delirantes permanentes y fijas, metódicamente ligadas
entre sí, desenvolviéndose en un sentido determinado y siguiendo una evolución
lógica. Estos casos independientes de toda lesión orgánica apreciable hasta el
presente, parecen igualmente independientes de todo origen emotivo. Tienen
evidente relación con trastornos profundos y todavía oscuros de la cenestesia,
pero se manifiestan primitivamente por una desviación de las funciones intelectuales,
desviación que por sí misma no produce una verdadera debilidad de la
inteligencia y que deja intactas por lo menos en apariencia las facultades
lógicas y del razonamiento”.
Por su parte Tanzi en su Tratado de las enfermedades mentales escribe: “anomalía
constitucional muy rara que permanece largos años latente y que se manifiesta
en la edad madura por un delirio parcial pero muy tenaz. Este delirio no es
sino el lento y durable triunfo de un pre-concepto.
El preconcepto paranoico vence poco a poco todo lo que le es contrario, y a
despecho de la realidad, de la opinión pública, del sentido común, se organiza
en un sistema coordinado de errores que se hacen los tiranos de la personalidad
intelectual, y la conducen gradualmente fuera del círculo de la normalidad”.
Si
con estas definiciones a la vista examinamos la obra científica de Nowack,
seguramente sorprende el parecido. Pero veamos cuales son los caracteres
descritos por estos autores como propios de los paranoicos y de su conducta.
Proceden como las personas de mentalidad sana,
y fuera de su delirio razonan con un perfecto buen sentido. Rara vez son
recluidos en un manicomio, en los que forman por su lucidez de inteligencia y
por la coherencia de su conducta, la
clase aristocrática (Tanzi); de aquí que el mayor número evaden sin
dificultad el reingreso una vez que se les permite salir. A veces estos
paranoicos poseen inteligencia suficiente para durante un tiempo variable hacer
creer sean hombres superiores, casi sabios. Todos son escritores, publicistas,
polemistas, polígrafos. Y con sus obras se puede formar una biblioteca
homogénea e interesante en sumo grado. Los libros que publican se conocen por
una serie de caracteres que les son propios: el retrato del autor el posición
más o menos inspirada, prolijidad de los títulos, extrema variedad de
caracteres tipográficos, dedicatorias, ilustraciones grotescas, precio
temerario del volumen. Entre los distintivos esenciales de estos libros se nota
con frecuencia su inutilidad, la índole trascendental del sujeto, y lo absurdo
de sus argumentaciones.
Si el delirio es de naturaleza religiosa se
creen apósteles, encargados por Dios de realizar una misión divina; si es de
persecución, no es una persona de clase inferior la que los persigue,
generalmente es una institución, los jesuitas, el cuerpo médico, los
socialistas, etc.; si es unipersonal se dedican a los grandes problemas de la
filosofía, de la ciencia y de la humanidad. Estos paranoicos son los que más
engañan porque los que se dedican a la resolución de problemas científicos
conservan sin dificultad buenas relaciones con las personas que los rodean y
hasta a veces ejercen su profesión, siendo en su mayoría personas cultas,
inteligentes y no privadas de sentido práctico. No es extraño que se asocien otras
ideas delirantes, quizás consecuencias de los fracasos que experimentan en sus
planes.
Innecesario seguir describiendo; con esto nos
basta para desechar las dudas, si las hubiere, respecto a que nuestro simpático
visitante es un paranoico.
"Nowack",Revista
de Medicina y Cirugía de La Habana, Año XI, junio 10 de 1906, no 12.
Imágenes 1 y 4 tomadas de Psiquifotos.com; imagen 2 de Diario de un médico de guardia.
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