sábado, 29 de marzo de 2025

Reforma del reformatorio: clima, perversión y modelo norteamericano


 LA SUPRESIÓN DE LOS REFORMATORIOS EN CUBA Y MANERA DE SUSTITUIRLOS POR EL Dr. Juan Santos Fernández (Sesión del 11 de febrero de 1916). 

 Cuando nos establecimos en la Habana para ejercer la profesión de médico oculista, y dicho sea de paso, fuimos los primeros en ejercer una especialidad aisladamente, sin ver ni atender otra clase de enfermos que no fuesen de los ojos, asistíamos los de estas dolencias en el Asilo de San José, establecimiento para albergar los menores de edad criminales, a los que no puede aplicarse el rigor de la ley como a los adultos. El Dr. Vicente de la Guardia era el médico general de los asilados.

 El edificio del Asilo, estaba situado al costado del antiguo cementerio de Espada. De esta necrópolis sólo queda la tarja que ocupaba la derecha de su entrada, en cuya blanca superficie se dibujan todavía las huellas de las hileras de nichos que en ella se apoyaban, en número de más de seis. Nos sorprendió siempre que, dado los puntos de higiene que se calzaban en épocas pasadas, no estuviese adherido el muro del cementerio al edificio del Asilo, sino que hubiese un ejido de dos metros o más próximamente y el cual debe existir aún, y por eso se ha conservado la tapia del Este de la antigua necrópolis, tan maltrecha, que si resucitara el Obispo Espada, se indignaría de ver en lo que ha parado su obra portentosa para aquellos tiempos.

 Este edificio del Asilo de San José, de unos 200 metros de fondo por quince de frente a lo más, tiene una historia no envidiable, en la vida de la colonia. El General Dn. Dionisio Vives que la gobernó de 1823 a 1832, le dio su nombre al primer manicomio de Cuba que se estableció en él y sirvió para los dementes hasta que poco antes de la guerra de 1868, se creó el de Mazorra en los terrenos del potrero Ferro y es el que padecemos en la actualidad.

 Más tarde ocupó el edificio de la casa de dementes de San Dionisio, la Escuela de Medicina o de disección que a causa de su proximidad al cementerio, provocó la algarada tristemente célebre de los voluntarios de la Habana, que culminó en el fusilamiento de los estudiantes el 27 de noviembre de 1871 por supuesta profanación de la tumba de Castañón, muerto a mano airada en Cayo Hueso, cuando fue allí con fines políticos.

 Al dejar de ser Escuela de Medicina o de disección, fue convertido en Asilo de San José, rudimentario taller de Artes y Oficios destinado por la ley de 4 de enero de 1881 a recibir los menores de 18 años, para cumplir las penas impuestas por los tribunales de Justicia de la colonia. Era sostenido con fondos del Ayuntamiento de la Habana.

 La dedicación del edificio a tan distintos objetos, presupone, sin temor de errar, que no servía para ninguno de ellos. Fuimos testigos, de que para el último, no tenía la menor adaptación, pues pudo seguir llamándose Escuela del crimen o Asilo del vicio, pero no de San José.

 Desaparecida la colonia, en virtud de la orden militar No. 271 de 1900, sustituyó a éste, la Es cuela correccional de Guanajay y no hemos ganado gran cosa, porque los vicios están ahora igualmente arraigados en el actual Correccional de Guanajay, pues como decía el Dr. Velis en la Séptima Conferencia Nacional de Beneficencia y Corrección de la Isla de Cuba, celebrada en Cárdenas, en 1908, no alcanzan al 5% los niños que llegan a ser reformados en el establecimiento, tal es lo defectuoso de su organización, pues están confundidos hombres fornidos con criaturas de diez años, y se carece de un edificio ad hoc, que exigirá grandes sacrificios al Estado, sin un fin cierto, como demostraremos más tarde.

 En la misma Conferencia de Cárdenas el señor Lascaibar, presidente de la Junta de Patronos de la Escuela, entiende que se ha sacado algún provecho, pero no puede decirse que éste corresponda a las esperanzas acariciadas, pues ahora como antes, es cosa cierta que las deficiencias siempre han existido y hay probabilidades de que no desaparezcan nunca.

 No podía ser de otro modo, pues aparte de las dificultades invencibles a que nos hemos de referir más adelante, como base de nuestras disquisiciones acerca de esta clase de Institutos entre nosotros, se ha hecho todo lo posible para entorpecer su marcha bienhechora, encargando casi siempre de la dirección a personas imperitas, entre las que figuró no ha mucho un antiguo administrador de ingenio adiestrado en el manejo de esclavos. Ocurrió lo que en otra delicadísima institución "El Asilo de Enajenados", la política desenfrenada no se detuvo ante el respeto y la compasión que inspira el ser humano afectado de la mente y ya que no fue posible edificar un manicomio en debida forma, no debió removerse al médico que lo venía dirigiendo con acierto, en medio de las deficiencias existentes, para poner la dirección en manos de una persona ajena por completo a la materia y que llevó el desconcierto a lo inconcebible.

 Nos hemos referido, aunque de pasada, a la ''Casa de Enajenados" porque justamente es el otro establecimiento de la República más difícil de organizar, pues respecto al Correccional de menores, como veremos después, no lo juzgamos difícil, sino imposible, de establecer en debida forma entre nos otros y por lo cual pedimos su abolición para sustituirlo por otro recurso o procedimiento que dé los resultados apetecibles.

 Antes de abordar este último enunciado liemos de referirnos al resultado tan diverso que da entre nosotros, la utilización de la mujer en las tareas que basta ahora han desempeñado exclusivamente los hombres, vg., la de enfermera (nurse de los ingleses y norteamericanos) y en los empleos de Oficinas del Estado, en que se halla en contacto con el sexo opuesto. Todos sabemos, porque no es un secreto, que estas ocupaciones de nuestras hermanas, han sido fuente de escándalo y motivo para escarnio de sagrados respetos. Nos referimos a que algunas veces, se ha querido reparar la desgracia de la familia del que dio su vida por la libertad de la patria, colocando en una oficina pública a un miembro de aquélla; la madre se ha ofrecido para hacer el servicio y se ha expresado al punto, el deseo de que lo desempeñara la hija, joven hermosa y sin mundo, para envilecerla después, porque no alcanzamos a poner freno a la lujuria que engendra el clima y las malas costumbres. Por otra parte, la joven que va a desempeñar un destino en una oficina, debiera estar uniformada, como ocurre fuera de aquí, y no con los trajes de los salones que tan mal juegan en lugares destinados al trabajo y no a frivolidades ni a exposición de modas o adornos para llamar la atención de los hombres que, en la misma oficina laboran. Con tales prácticas; los resultados no han de ser dignos de loa. Este preámbulo nos sirve para indicar, que si con tanta facilidad se puede delinquir entre personas de responsabilidad y en las oficinas del Estado, sólo porque los sexos no saben refrenar las excitaciones que despiertan el calor que sufrimos, el cual enerva e impide realizar actos de severidad o de rectitud. ¡Cómo pretenderemos que nuestros reformatorios no sean un remedo de Sodoma y Gomorra, cuando allí va el remanso de la corriente de lo peor de nuestra sociedad: el fruto del hogar infecto, el producto de los vicios del padre, de la indolencia o ignorancia de las madres, las más de las veces? Si en todas partes el que se ha dedicado a la educación de los niños y adolescentes, el educador a lo Luz Caballero o a lo Valdés Rodríguez ha merecido el respeto y la consideración de los que piensan, cuando aquella se realiza en terreno tan resbaladizo como el de los trópicos, el ecuador o sus proximidades, que enervan, la tarea no tiene límites. El erotismo anticipado de los adolescentes y hasta de los niños frustra, de modo cierto, los mejores empeños de los educadores. A manera que la semilla germina rápidamente en los trópicos y de modo fenomenal en el ecuador, al grado de que tal parece que se ve crecer la planta, y en aquéllos y en éste pueden re cogerse dos y hasta tres cosechas de los frutos que en los países templados escasamente se obtiene una, lo mismo ocurre con los seres humanos.


  En la isla de Fernando Poo, vg., situada en el ecuador, la niña menstrua a los seis años y deja de hacerlo ¡Porque aparece la menopausia a los veinte y en Cuba conocemos ¡personas que cuando jóvenes, por no decir niñas, se casaron a los 12 y 13 años y han tenido después numerosa prole. ¿Cómo extrañar por tanto que los niños experimenten sensaciones genésicas a los cinco y siete años? A poco que se discurra acerca de la fisiología normal, espanta la influencia del clima cálido, sobre la organización del niño y del adolescente desde el punto de vista físico y moral, y sorprende que los actos sociales delictuosos en este sentido, no tengan mayores proporciones, con tenerla ya de modo desbordante.

 ¿Quién que haya viajado no ha advertido en el mediodía de España, en Andalucía, vg., lo que aquí; niñas que tienen la viva fisonomía de una señorita sin tener más de diez años, con sonrisa de adulta y con modales de ésta aun cuando pertenezca a una familia intachable? Por el contrario, al norte, en las provincias vascas y de Cataluña, como en la región más septentrional de Francia, un joven o una joven de 18 años, se distingue sólo por el traje, pues por la cara, la voz y los juegos, mirados aisladamente, no se descubriría el sexo, porque la fisonomía, el cuerpo y aire en general, en ambos, en verdad, son idénticos. Nadie ignora que en esas latitudes o en tales condiciones, contrae matrimonio el hombre, entre los 20 y 25 años sin haber tenido contacto con otra mujer que la elegida para esposa. Esto que alguna vez pudiera interpretarse como un adormecimiento del erotismo por efecto de la vida ajena a las excitaciones de todo género fuera de los centros de población, en general es producto del clima y del desarrollo del organismo, de acuerdo con la tonicidad general perfecta que domina a la parcial o del sistema nervioso en primer término.

 Nuestra talla ínfima tan generalizada no es ajena igualmente al desenvolvimiento prematuro de las funciones sexuales. Las más de las veces, aun cuando no haya influido onanismo se perturba el desarrollo de los demás órganos y aparatos. El atletismo tempranamente bien dirigido modifica el predominio de un sistema o de una función sobre las de más, apaga la excitación genital que exalta el clima y nuestros hábitos, y propende al desarrollo de la estatura. Esto último se advierte ya de tres lustros a la fecha, sobre todo en la mujer, porque se han generalizado metódicamente los ejercicios corporales en ambos sexos.

 Señores: creemos haber demostrado los perjuicios que determina nuestro clima en los organismos incipientes y aun en los desarrollados ya, y en otros trabajos hemos recomendado a las personas pudientes no dejar sus niños durante el verano aquí, sino trasladarlos al país próximo que tiene alturas de que nosotros carecemos o por lo menos no están adaptadas todavía a la vida civilizada y en que la temperatura es otoñal. Por inversa razón, debido a las excesivas bajas temperaturas, nos invaden los norteamericanos en invierno, y esta saludable invasión será mayor a medida que sepamos recibirlos de acuerdo con sus hábitos y costumbres y en provecho de nuestros intereses.

 Siempre en los pueblos civilizados, sus morado res han cambiado de localidad por placer o por las exigencias de la salud del cuerpo, y nosotros ahora pedimos este cambio obligado de determinado elemento, en beneficio de la salud del cuerpo y del alma de que carecen los que componen el Correccional de Guanajay.

 No nos hemos educado en los Estados Unidos, ni en ellos pasamos nuestra juventud, de modo que no se nos puede tomar; como atraídos por las simpatías al país en que se ha pasado lo mejor de la vida. Entendemos que los Estados Unidos, tienen defectos que son inferiores a sus buenas condiciones para el perfeccionamiento de la obra humana v entre éstas, se cuenta la educación de la niñez y de la adolescencia en todas sus formas, utilizando las ventajas de su variado. clima y los recursos de que dispone un país activo y progresista. Estas ventajas, son las que creemos que debe aprovechar, por el momento, nuestro Gobierno dada la proximidad de Cuba a los Estados Unidos, para enviar a los establecimientos análogos allí, a los niños y adolescentes del correccional cubano, verdadera sentina, que no han podido cegar los hombres conspicuos que han formado sus Juntas de Patronos entre los cuales se encuentra el Dr. Juan B. Valdés, que conoce bien la organización de estas instituciones en los Estados Unidos, como lo demostró en el trabajo presentado en la Primera Conferencia Nacional de Beneficencia y Corrección celebrada en la Habana el 22 de marzo de 1902.

 Nosotros hemos comprobado más de una vez, la transformación de carácter y de las condiciones físicas de los niños y jóvenes que a él se han trasladado y si estuviésemos en Europa recomendaríamos el mismo recurso en las regiones de análogas condiciones que las nuestras y a las que anteriormente nos hemos referido.

 El escollo inferimos que no se encontrará en lo económico; pues dados los adelantos de que disfrutan en los Estados Unidos para el sostén de estos establecimientos, nos atreveríamos a asegurar que el traslado de las personas a éstos desde Cuba, no aumentaría los sacrificios del Estado, y si así fuese, no serían de modo extremado y estarían compensados por los frutos que indiscutiblemente se recogerían. En los comienzos, se tropezaría con dificultades, que pronto se irían venciendo; pero el país podría salvar para beneficio de los que cambiasen de localidad y para nuestra sociedad, un buen número de los que mejorando su conducta con una educación y un trato apropiados, en vez de seguir siendo criminales, llegarían a ser útiles a ellos mismos al suelo que los vio nacer y se avergüenza de tener los por hijos.

 No se nos oculta, que lo legislado en los Estados Unidos, respecto de la inmigración, pudiera ser un obstáculo para los fines que perseguimos, pero aun nos queda el Canadá, que no tiene este inconveniente, por más que se halle a mayor distancia. No obstante, los menores que van a un correccional, no difieren de los dementes que van a un manicomio, en el sentido de que unos y otros no estarán como los inmigrantes en contacto con el país, al que pudieran perturbar de algún modo, sino que estarán recluidos, y hasta ahora, no ha sido imposible que un enajenado, previa documentación adecuada, ingrese para su curación, en un manicomio de los Estados Unidos (…).


 Anales de la Academia Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, 1915-1916, pp. 860-70. 


jueves, 27 de marzo de 2025

De Guanajay a Torrens

 



Diario de la Marina, 10 de noviembre 1937. 

El reformatorio Aldecoa

 Pasado el Cerro, en Ciénaga, veis a los lejos, en un montículo, unos chalets agrupados que constituyen los distintos pabellones del reformatorio de Aldecoa. 

 (…) Lleva 27 años de existencia, acogiendo en su seno, aquellas jóvenes de 10 a 19 años de edad, que ha instancia judicial, gubernamentativa, o mediante un expediente tramitado al efecto por los padres o tutores de la interesada, con intervención de la autoridad, son enviadas al mismo por haber quebrantado la ley, o bien, quebradas las alas de su pureza, siguieron el camino tortuoso de la frivolidad, o quisieron, inquietas, vivir su vida”, fueron arrojadas por la vorágine de las malas pasiones...

 La superiora nos detalla la vida de aquellas jovencitas dentro del establecimiento: una vida sencilla, de hogar reconfortante para sus espíritus atribulados… Levántanse muy temprano, rezan sus oraciones, y luego, fuera de algunas horas de recreo, dan clases de instrucción, se ejercitan en los servicios domésticos, acuden a los talleres de costura y bordado, y algunas aprenden mecanografía, música, pintura…

 En la actualidad hay en aquella institución 115 acogidas, aventajando en número la raza de color a la blanca, y existiendo entre ellas muchas huerfanitas, es una cosa lógica: la huérfana carece de aquel freno moral y vigilancia, que le imprimen sus progenitores, camina sin rumbo en las tinieblas de su existencia, hacia lo Desconocido… En este camino es abundan y  pueden acecharla, como aves de presa, aquellos desalmados, en cuyos cuerpos la lujuria ha encendido una llama que flamea constantemente…

  Vimos los dormitorios amplísimos, con grandes ventanales que daban al jardín. En ellos, tres hileras de camitas medias. Al fondo una imagen.

 Pudimos observar la limpieza y buen orden que reinaba en el comedor y la cocina. Aquel lo constituyen unas mesas sencillas con bancos rústicos, uniformes. Estás, radiantes de luz, son de  novísimo sistema, brillando reluciente los enseres que en la misma se utilizan. Esto nos reveló que las jóvenes gozan de cierto confort. Y de mucha higiene.

 Pasamos al taller de costura. En él estaban a máquina -movidas por motor eléctrico- un buen número de jóvenes. Vestían uniforme azul. Ávidas, trabajaban, su mirada en la labor, las cabecitas inclinadas… ¡cabecitas locas! Cuántas ideas no se despertarán en vuestra mente, en esas horas en soliloquio en que miráis impertérritas vuestro trabajo. Yo contemplaba emocionado. Y sentía una inefable ternura al veros trabajar, porque pensaba, que aquel era el camino de vuestra redención.

 Luego visitamos la escuela: una escuela moderna, alegre, aireada. Allí adquieren la primera instrucción las que de ella carecen -que son muchas- y la perfeccionan las que la tiene.

 También vimos el taller de bordado, en el que estaban algunas alumnas haciendo delicadas labores que revelaban sumo grado de perfección y buen gusto.

 Con anuencia de la madre superiora interrogamos algunas muchachas. Queríamos explorar aquellas almas atribuladas, inquirir las cosas que las indujeron o sedujeron a seguir el camino del Mal.


 Una de ellas, de rostro agraciado, guedejas rubias, de ojos de un azul límpido, nos habló ingenuamente, sencillamente. En el transcurso de su conversación, al recobrar su vida equivocada, los ojos se le ungían de lágrimas…

 -Sí. Aquel día no había que comer en casa -nos confiesa. Mi hermana estaba enferma, mi madre -como os he dicho- loca. Nadie podía ampararnos. Todas las puertas habían cerrado. Salí a la calle desesperada. Intenté inútilmente buscar trabajo. Nada. A mi paso los hombres me miraban, audaces, me piropeaban… pasó por mi mente una idea y.. sonreí también a la vida y a los hombres…, perdiendo en esta fingida alegría mí "único” tesoro. 

 Después... ¡Dos años de infortunio! Muchas lágrimas, muchas tristezas. Y por último… No pudo continuar. Sollozaba.

 Interrogué, cauto, a una niña que solo contaba 14 años. En su boca diminuta florecía una sonrisa picaresca. Sus ojos negros, brillantes, miraban audaces. Era resuelta, parlanchina, y tenía gracejo. Fue raptada por el novio. A quien quiere locamente. Para él todos los sacrificios. Todas las abnegaciones…Supo despertar en mí tal cariño -me dice- que me ofrende generosa. ¡Que me importaba¡ ¡si estoy unida espiritualmente, si es él porque de mi vida!

 

 Pone en su palabra toda la vivacidad de la pasión que la arrebata. Es más. Ella sueña constantemente con el ser querido quien, la ha hecho promesas de matrimonio. Y un día -tal vez pronto- podrá unirse a él, forjar un hogar y ser dichosos… lo que hace falta es que la inquebrantable realidad no trunque esos sueños.

 Luego conversamos con una bella niña de creencias negras, cuidadosamente peinada hacia atrás, de frente amplia, de labios gruesos, tez cetrina, y de mirar expresivo. Cuenta también 14 años, y conoce su existencia mísera toda la faceta brutal de la vida, de esa vida de ricachona de perversidad e ignominia. Ella supo de amor, y puso en su pasión -ajena a todo egoísmo- todo el fuego de sus años núbiles, todo el candor de su primera juventud. Más luego el “agraciado” -con instintos de hiena- la obligó a ofrecer sus caricias a otro. ¡El monstruo comía el pan ganado a este precio!

 El ciclón del año último causó graves desperfectos en los distintos pabellones del reformatorio Aldecoa, pero merced a la buena voluntad del actual Ministro de sanidad, el doctor Francisco María Fernández y secundado por el director de aquellas “esclavas del destino y el funcionario Antonio Berándolas, se están haciendo en este establecimiento, como hemos podido comprobar, importantes reformas.

 Nos despedimos de las muchachas: un sol radiante iluminaba el camino cuando volvíamos impresionados la vista… ¡Yo os pido lectores ayudar a estas infelices!



 "El reformatorio Aldecoa", por Argos, (fragmentos), Carteles,  16 de octubre 1927.  

domingo, 23 de marzo de 2025

Los menores delincuentes


 Israel Castellanos

 Una de nuestras mentalidades más positivas, en un proceso célebre, casi reciente, que compartió ante el Tribunal Supremo las doctrinas lombrosianas, sosteniendo la locura moral y el salvajismo del niño, fue criticado por uno de nuestros periódicos más importantes. Se le dijo al distinguido jurisconsulto, que él tenía una hija de pocos años y que no le agradaría, como padre, que la llamasen salvaje. El padre, con motivo de su cumpleaños, le escribió a la simpática pequeñuela una extensa carta, en la que estudia la psicología de la niñez, para que sepa, cuando sea mayorcita, por qué su padre, en solemne ocasión, la llamó salvaje.

  La oposición que levanta este concepto, se justifica por el misoneísmo y cierto romanticismo clásico. Pero la más superficial consideración científica de la psicología infantil, nos induce a aceptar la doctrina lombrosiana. ¿Quién de nosotros no ha quitado juguete peligroso a un niño?  ¿Y quién de nosotros no ha visto su injusta cólera? ¿No le hemos visto, también, morder y arrojar objetos por la contrariedad más fútil? ¿No hemos visto institutrices abofeteadas por niños, que no han sido complacidos por órdenes paternas? ¿No vemos a diario la venganza de un chiquillo contra otro, porque ayer le quité la pelota o no le quiso dar un pedazo de dulce que comió? ¿No oímos constantemente, niño que blasonan de sus infundios, de sus mentiras? ¿No le hemos visto acusarse y formularse calumnias con una precisión espantosa? ¿No les vemos indiferentes a las pérdidas familiares? ¿No vemos, diariamente, en la calle, maltratar a un menor que él, o arrojándole piedras a los perros? ¿No le vemos holgazán y poco inclinado al estudio? ¿No está siempre dispuesto al juego? ¿No le hemos visto orgullecerse de que tiene criado y dinero? ¿No acaso exigen siempre el vestido y los zapatos nuevos? ¿No le vemos en el asilo entregado al onanismo y a la sodomía? El curioso caso citado por Próspero Lucas, ¿no nos recuerda el hecho acaecido en Pinar del Rio, que dos niños asaltaron a un transeúnte, como hicieron los ladrones de la película? ¿Por qué negamos, entonces, la teoría lombrosiana?

 Sostenemos, pues, con Lombroso, que los gérmenes de la locura moral y de la delincuencia se encuentran, no por excepción, sino normalmente en la primera edad del hombre, como en el feto se encuentran constantemente ciertas formas que en el adulto son monstruosidades. El niño, por la carencia de sentido moral, por su obtusidad ética, posee todas las anomalías morales anteriormente enumeradas, las que con el tiempo, el desarrollo y la influencia de la educación, tienden a desaparecer. Pero entre sujetos acometidos al mismo tiempo de anomalías físicas, tienden a mantenerse, a afirmarse en malas inclinaciones, y, entonces, el carácter cuesta mucho más trabajo reformarlo. Por este motivo asegura Lombroso, que existe una criminalidad infantil, como la del adulto. Confirma su conclusión con investigaciones hechas en los asilos y reformatorios, comparativamente, para comprobar si en los criminales se encuentran las mismas anomalías físicas, ya notadas en adultos.

  Apodos

 Los caídos y los inadaptables, casi siempre, pierden su nombre de pila, puede decirse que es el primer ornamento que se desprende del frontispicio de la honradez. La explosión del vicio, en la mujer, es el único ornamento que despedaza: toma para la vida un nombre de guerra. La pillería, como la mala vida, bautiza a adeptos con un mote, que responde a sus cualidades representativas para individualizarle. El mote, generalmente, se deriva de las cualidades físicas y morales del pillo, como en la meretriz los asociados a la mala vida en general.

 Mace (Mon musee criminal, Paris, 1890) en le nueve niños delincuentes, encontró como ‘‘caractére special’’ el apodo: ninguno carecía de sobrenombre. A uno llamaban Pico de candil, a otro Barba escurrida, a otro Hocico de sollo. Un muchacho de 12 años por su gran parecido con los cuadrumanos, sus camaradas le llamaban, Molde de mono, interrogado éste por qué había arrojado al agua a la víctima respondió en argot: ‘‘La tonta no quiso dármelo, y la tiré al agua.”

 De cien niños cubanos delincuentes, 56 tenían motes. Un negrito de once años respondía por Ojo de culo, otro por Sijú, otro por Negulillo; de los mestizos, uno por Cherna, otro por Culón, otro por Pichita de mono, otro por Coje la chiva; de los blancos uno por Tira la gota, otro por Leche de burra, otro por Merenguito, otro por Pajita, etc.

 El apodo tiene en los pillos la expresión más grosera y baja, y todos tienen heráldica de cinismo. La obscenidad es el fondo mental más saliente.


  Los pillos de playa

  La pillería cubana solo tiene un profesional: el pillo de playa. Es su prototipo, la figura más acabada de la corrupción en los menores. La audacia, el cinismo, el vicio, la degeneración del lenguaje, etc., todo llega en estos pillos a su grado máximo. Bien le está adjetivo con que se les conoce: en la playa desaguan las alcantarillas de las ciudades; a la playa, también, afluyen los detritus sociales.

 El pillo de playa, generalmente, es una personalidad hibrida: concurren en él, la inversión y la ratería, ¡el ladrón y el sodomita, troquelados en un solo molde! Pero ¿son llevados a los escollos de la costa para saciar en ellos apetitos brutales? ¿Son ellos los que buscan cascos de botes, destartalados, para entregarse a sus compañeros? La precoz adaptación del pillo de playa hace formular una decisión tremenda. El muchacho antes de los 15 años es una pústula moral, todo rastro de vergüenza y dignidad ha desaparecido. La costra pestilente de su degeneración ha embotado sus sentidos, y todo el maderamen del desarrollo humano ha desaparecido en el temprano naufragio.

  ¿El fatalismo orgánico se cumple tan prematuramente? No creemos que los factores físicos hubieran sido vencidos, sino se unieran a ellos una gran dosis de complicidad social. Las influencias antropológicas pueden neutralizarse en un ambiente de moralidad y de prevención.

  El Dr. Caballero

 Los estudios antropométricos y antropológicos, tanto en los niños como en los adultos, están, entre nosotros, en estado embrionario. Las nociones fundamentales de los caracteres físicos, nos son totalmente desconocidos. El desarrollo eliciométrico del niño, el índice cefálico de los adultos, etc., son incógnitas aún por resolver. No han faltado generosas iniciativas, ni entusiastas esfuerzos. El Dr. Juan B. Valdés, ha indicado la necesidad e importancia de estos estudios, para determinar la capacidad moral e intelectual de los niños, así como el desarrollo físico de los mismos. El pedagogo Baldomero Caballero, hoy doctor en Derecho, tiene la prioridad en estos asuntos. En una Memoria publicada diez años ha, siendo profesor del colegio ‘‘ Luz Caballero,’’ se ocupó, con bastante extensión, de la conducta, talla, peso y  otras particularidades de los niños que integraban su aula. (Un ano de labor en primer grado, 1904.)

 Consideramos un deber recordar sus observaciones, y, al efecto, el talentoso iniciador de los estudios psico-físicos en Cuba, nos ha facilitado los originales y las fotografías de su interesante opúsculo. Por el servicio prestado, enviamos al distinguido amigo, desde estas páginas, las gracias más expresivas… Los niños observados por el Dr. Caballero, pertenecen a tres grupos étnicos: blancos, mestizos y negros. Las medidas y el peso arrojan el siguiente resultado:

 Lo limitado de la serie y sus discordancias, impiden deducciones positivas. Las contradicciones se deben a la técnica empleada por el Dr. Caballero. El modus operandi, evidentemente, ha sido muy deficiente. Para mayor precisión debe descalzarse el que ha de ser medido, y no con zapato.

 Podrá alegarme el Dr. Caballero que Schmid-Monnard ha mensurado sujetos con calzado, pero el mismo investigador sólo lo ha efectuado en ‘‘series de millares de individuos’’ para aliviar el trabajo. Y siempre que así lo ha efectuado, previamente, ha determinado ‘‘en un gran número de casos”’ la altura de los tacones, para descontar más tarde el término medio hallado, por ejemplo: en 100 niños encontró por término medio que en estaturas menores de 110 cm. hay que descontar 1, entre 110 y 119 hay que descontar 1,3/4, entre 120 y 189 hay que descontar 2, 3/4, y de 140 en adelante, 3 cm. El limitado número de sus observaciones le exigía al doctor Caballero el empleo de la técnica seguida por los laboratorios de antropometría jurídica: el sujeto descalzo y tres comprobaciones, después de efectuar la primera medida. Hemos insistido en los errores para llamar la atención de los subsiguientes investigadores, con el fin de que no incurran en las mismas deficiencias.

 El mestizaje

 La presencia de varias razas sobre nuestro suelo dificulta mucho estos estudios (véase Antropología de los párvulos cubanos, por I. Castellanos). Los cruzamientos, o la amalgama étnica, es la rémora más importante que encuentra el investigador. El mestizaje, insuficientemente estudiado, se nos presenta en grandes proporciones. Esto se debe a las uniones ilícitas y al poco escrúpulo de los blancos para descender al concubinato con negras o mulatas. A. de Quatrefages, en su obra L’Espece humaine, al hablar de la escrupulosidad para la unión sexual, ha dicho: sortout dans les amours passagéres, la femme répugne a descendre; l’homme est moins délicat. Marcar los diversos grados del mestizaje, distinguirlos en el complicado mosaico de la etnología cubana, es lo más difícil, complicado e importante que se le presenta al estudioso. El gran número de mestizos existentes son susceptibles a subdivisión. El mayor número de niños estudiado por el Dr. Caballero, son mestizos, en total 18. Estos, precisamente, dan las mayores contradicciones ¿Se deberán no tan solamente a defectos de técnica, sino a la raza? También debe ésta influir en algo, pues el Dr. Caballero parece tener un concepto muy amplio del mestizaje. Qué entendió él por mestizo ¿al pardo, o al vástago de dos razas?

 Ya hemos dicho que el mestizaje es susceptible a subdivisión. El individuo procedente de dos razas distintas se denomina mestizo. Si las razas genealógicamente, son muy afines, no reciben nombre, pero es viceversa cuando son opuestas:

 En nuestro estudio hemos procurado hacer una distinción lo más racional posible: prescindir de los caracteres étnicos del niño, como el cabello, el prognatismo, etc., para tomar solamente en consideracion la raza de sus progenitores, y juzgar el descendiente según se derive de ellas.

  Exámenes

 El examen de los menores delincuentes debe realizarse en Correccional de Guanajay, antropométrica y psicológicamente, para cotejar sus resultados con el de un número igual de niños, de la misma raza y de la misma edad. Nuestras investigaciones, hasta la actualidad, no han sido hechas con aparatos de precisión, pues solamente se han limitado a los caracteres somáticos sido de los niños delincuentes. Una serie de 100 muchachos es la que estudiamos. Todos han distribuyen así: detenidos por delitos de hurto y robo, ninguno por delitos contra las personas (agresión, homicidio, etc.) Etnológicamente se distribuyen así:


 56 menores de los que integran la centuria tienen apodo: Jibaro, Jiribilla, Leche de burra... Estigmas de la pillería. No podemos significar el número de niños que emplean expresiones jergales. Un blanco nos ha dicho: Si doy zánzara no me traba el poli. Otro: Al dar cureña se me perdió una tapa. Un negrito apodado ‘‘Tiburón,’’ presenta hidrocefalia, hipertrofia auricular, diastema y boca simiesca. EK. B. M., ratero, tiene orejas mayores a la de un adulto, macrocefalia, bolsas frontales y prognatismo desmesurado. ““Sijú’’ presenta plagiocefalia, orejas desiguales, con tubérculo de Darwin, prognatismo desmesurado y ultra-dolicocefalia. (Lam. 1.)


 De los menores que estaban descalzos, noté en uno el pie prensil, como en los antropoides (Lam. 2.)

 En los blancos, un tal Soler, detenido por robo, presentaba: escaso pelamen, hipertrofia de los lóbulos auriculares, anómala implantación de los parpados, color cerámico de la epidermis, asimetría facial y torácica; ¡facie completa del degenerado de Morel!

 “Tira la gota’’ tiene pobreza del sistema pilífero, orejas enormes y de Wildermoth, desviación de la bóveda palatina, dolicoprosopia y mandíbula robustísima.

 Un ratero simple, apellidado Bermúdez, presenta: estrabismo con prognatismo, orejas grandes y ojos oblicuos, este carácter se debe a sus progenitores o a un caso de atavismo?, ¿es fruto de mestizaje o de regresión?

 Los restantes tenían: 


 “Los menores delincuentes” (fragmentos), Revista Bimestre Cubana, Vol. 10, núm. 2, marzo-abril, 1915, pp. 81-111.