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sábado, 13 de abril de 2024

Oda a un urna griega

 


 De Keats

              Thou still unravisih’d bride of quietness

 

De la Quietud esposa inmaculada,

pupila del Silencio y tardo Tiempo,

que sabes enarrar aunque silvestre

con más dulzura que las rimas nuestras,

¡ah!, dinos, ¿qué leyenda por tu forma

entre festones vaga de los dioses,

o de mortales, o tal vez de entrambos,

de los valles de Tempe o de la Arcadia?

¿Por qué esa caza y fuga de doncellas

de las flautas al son y tamboriles?

¿qué grande agitación es la que evocas?

 

Si dulce es la escuchada melodía

la no escuchada es más… Seguid tocando

para el oído no, flautas suaves,

melodías sin tono para el alma.

Tu canto, efebo airoso en la arboleda,

nunca parar podrás; ni tú tampoco

podrás, veloz galán, a tu cautiva

el beso ardiente que anhelabas darla;

mas no te aflijas porque en todo tiempo

tú serás un galán, ella una hermosa.

 

Vosotras, dichosísimas ramadas,

las hojas nunca verteréis lucidas

que nunca os dirá adiós la Primavera…

Afortunado músico, sin tedio

podrás un son tocar que no envejece…

Amor ¡oh!, más feliz, porque fogoso

Has de ser sin cesar el goce ansiando!

¡Cuánto aventajas de los hombres vivos

la pasión que al saciarse pesaroso

les deja el corazón o desgarrado,

los labios secos y la frente ardiendo!

 

¿Quiénes son los que van al sacrificio?

¿A qué rústico altar ¡oh, sacerdote

conduces la ternera mugidora

de los sedosos lomos guirnaldados?

¿Qué villa sobre un río, o costanera,

o montañesa de castillo innocuo

desierta vióse esta mañana pía?...

¡Ah, villa!, que por siempre silenciosas

tus calles quedarán, jamás un alma

vendrá para explicarte el abandono.

 

Ática hechura primorosa en mármol

que decoró el cincel con la apariencia

de humana vida en cuadros nemorosos,

al pensamiento tu serena forma

como la misma eternidad abruma.

Tu helada pastoral, cuando los años

la actual generación hayan sorbido,

en medio se verá de otros dolores

que no serán los nuestros y clemente

dirá siempre a los hombres que lo bello

es verdadero y la verdad es bella,

y que no más sabrán en este mundo

ni más saber tampoco necesitan.


 Traducción de Gabriel de Zéndegui

            

 Sones de la lira inglesa, Oxford University Press, H. Milford, 1920, pp. 15-16.




Versión inicial; El Fígaro, 31 de junio de 1891. 

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