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miércoles, 16 de enero de 2019

Huidobro: dos entrevistas cubanas




 Pedro Marqués de Armas 


 Entre los grandes poetas que pasaron por La Habana en la década del veinte –y podemos contar a unos cuantos: Stevens, Girondo, Maiakovsky, Desnos, Gorostiza, Villaurrutia, Pellicer– habría que incluir también a Vicente Huidobro. Su paso, fortuito, fue acaso el más breve y no tuvo efecto, que sepamos, sobre la polis literaria. Dejó, sin embargo, el saldo de una entrevista publicada en el Diario de la Marina el 18 de agosto de 1926.

 Huidobro regresaba a París, huyendo de Chile, donde había complicado su existencia al entrar en política, pero, sobre todo, al descubrirse su romance con la quinceañera Ximena Amunátegui, cuñada de su hermano, con quien luego se casaría por el rito musulmán. La publicación del poema “Pasión y muerte”, con referencias a esta relación, causó escándalo en el clan familiar y Huidobro tuvo que hacer las maletas.

 Embarcó en el vapor Orita de la Compañía del Sur, que hacía la ruta entre Valparaíso y La Rochele, con escalas en La Habana y Santander; esta última significativa, ya que la aprovecha para conocer el pueblo de sus antepasados vascos.

 Huidobro permaneció en La Habana del 17 al 18 de agosto, suficiente para caminar la ciudad, y responder a aquellas preguntas que parecen lanzadas al aire. Aunque ampliamente conocido en Cuba, donde su nombre suena por lo menos desde 1920, su poesía no gozaba de especial favor entre la crítica.

 A diferencia de otras entrevistas en las que se lanza contra sus detractores, o bien se arroga la exclusiva del creacionismo, esta fue mesurada y más bien informativa, sin que faltara lo que sería hábito en sus intervenciones públicas: explicar su teoría poética.

 Antes de los grandes ataques emprendidos por Guillermo de Torre, quien lo acusa de plagiar al uruguayo Herrera y Reissig, lo que acrecienta su orgullo y virulencia, Huidobro aceptaba, por lo general, compartir la génesis del creacionismo, sin costarle reconocer sus vínculos con el cubismo, ni sus deudas con los simbolistas, sobre todo, Rimbaud y Mallarmé.

 En esta ocasión, no rechaza una experiencia en común con los poetas de la revista Nord-Sud, entre éstos Pierre Reverdy, Tristan Tzara y Max Jacob, y al menos, no insinúa prioridades entre ellos. Su recelo hacia el primero (“el pobre renacuajo”), al menos no aflora. Huidobro apunta ahora a Nueva York y Hollywood, donde trama establecerse a fin de concretar antiguos y acuciantes proyectos.

 La entrevista del Diario de la Marina fue recogida en Huidobro a la intemperie (Sudamericana, 2000), por Cecilia García Huidobro, quien rescata otras muchas declaraciones dispersas en publicaciones de Chile, Argentina y España. Sin embargo, no fue ésta la única que concediera a la prensa cubana. Existe otra, olvidada, al punto de no aparecer en ninguna de sus bibliografías: la que le realiza en 1930, expresamente para Bohemia, el periodista Gabriel Sexto, uno de los corresponsales en París.

 Publicaré en las siguientes entradas ambos documentos: "Se encuentra en La Habana el poeta Vicente Huidobro" y "Vicente Huidobro, el creacionista."

 La segunda es por mucho más interesante e incluye varias fotografías, una de ellas autografiada por el poeta, que posa sentado, con sombrero y bastón, ante un fondo que resalta, más bien, como decorado neoclásico: “Para la revista Bohemia de La Habana con la simpatía de Vicente Huidobro”.

 Gabriel Sexto lo entrevista en su propio hogar, donde el poeta descorcha un Oporto del que apenas bebe. Aunque la prosa del periodista es gazmoña, no lo son para nada los parlamentos de Huidobro, quien tiene todavía 36 años, acaba de publicar "Mío Cid Campeador" y, para no perder la costumbre, polemiza ahora contra el intelectual norteamericano Waldo Frank.

 Denuesta de los intelectuales españoles, a los que califica de cargantes, remitiendo, como prueba, a un célebre retrato: “¡Veamos si no a ese Duque de Alba con su cara de ganso!” Enfila dardos, además, contra Cocteau, Edison, los yanquis y los músicos folclóricos, mientras se coloca al centro de la poesía moderna, como astro mayor. No faltan citas de manifiestos, sobre todo de uno de los más brillantes y solitarios: “La creación pura. Ensayo de estética”.

 Adornan la entrevista algunas fotos personales, por lo visto, no muy conocidas. En una playa bretona (¿Carnac, verano de 1928?) se retrata con sus cercanos amigos Robert Delanuy, Hans Arp y Tristan Tzara. De espaldas a la cámara y de frente al mar, o bien, “disfrazados de tritones con barbas de algas”. En un pequeño bote, Huidobro y Ximena, en el apogeo de su relación.


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