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lunes, 12 de octubre de 2026

Mañach por Lino Novás Calvo

 

  Lino Novás Calvo


 Mañach fue el primero que saludé mano a mano. Él había sido quien diera la batalla en favor de mi poema. No me explicó cómo aquel desahogo plebeyo pudo llamarle la atención, pues Mañach era entonces un escritor verdaderamente difícil. Había que coger el diccionario. En la Prensa diaria, donde comenzó a batallar —Mañach es un batallador—, fue la suya una nota única. Fue el primero que introdujo en Cuba el sentido de la responsabilidad crítica. Se situó en un plano independiente y comenzó a juzgar las cosas —las cosas y las letras y la pintura, sobre todo— con un rigor que a muchos infundió temor y a muchos desaliento y a muchos dio valor: según. Fue el ácido que puso a prueba los valores. Y había muchos valores falsos que se revolvieron contra él, y le cogieron ojeriza. Una ojeriza compensada con la estimación de los fuertes.

 Nunca le he preguntado a Mañach por sus andanzas por Europa; algunas —pocas— me las ha contado por accidente. Hablábamos de arte y de cultura; sin embargo yo he llegado a pensar con mi imaginación que si yo moría primero él escribiría mi biografía, y que si moría primero él yo la escribiría. Este era un pensar nada más; cuando llegaba junto a él era para pedirle su opinión acerca de un cuento o de un poema. A veces me regañaba, pero siempre terminaba por alentarme. Un día me hizo una caricatura y me quitó varios años de vida.

 Porque Mañach es también pintor. Estudió este arte de joven en España, antes de pasar a Francia a beber el sprit, de donde salió, después de haberse bañado en el lago de Lamartine, con unos deseos enormes de hacerse boxeador. Una noche tuvo un encuentro con un apache en el Barrio Latino, y advirtió que tenía condiciones. En seguida, saltó a los Estados Unidos, donde lo cazaron para meterle en la superburguesa universidad de Harvard. ¡Doctor en Filosofía y Letras! Tradujo a Shakespeare, a Calderón y viceversa. Escribió un drama en inglés y varios cuentos y ensayos. En sus ejercicios entraba también el francés, sin olvidar a los clásicos castellanos. Todos sus estudios los hizo allí con becas, y conserva muchos diplomas. Sin embargo, al arribar de nuevo a Cuba se encontró con la realidad de que, para vivir, tenía que doctorarse en Leyes, y se hizo abogado. La carrera le sirvió para hacerse fiscal de Audiencia. De la Fiscalía pasó a jefe de Publicidad de una casa comercial. Allí puede serlo el que guste, trabajando de siete a seis, y, a pesar de todo, con bastante espacio en sí para su ardua labor de periodista y ensayista. Por el momento parece haber abandonado la novela y el drama; prepara una biografía de Martí.

 La pintura, la novela, el cuento, el drama: esas son las cuatro etapas que ha dejado atrás, Últimamente se dedicaba a la Filosofía; estudiaba alemán. Su drama "Tiempo muerto" le valió un gran premio establecido por una compañía teatral argentina. Sus cuentos han vencido en los concursos. Pero su trabajo más serio es un opúsculo sobre el "Choteo". Tiene un libro, "Estampas de San Cristóbal", que no se parece a los demás. Es una finísima interpretación de la vida habanera. Otro, "Glosario", ya es más orsiano, aunque sin dejar de ser completamente suyo. "Goya" da su medida máxima como crítico de arte. "La crisis de la alta cultura en Cuba" le valió su primer gran salto. "La pintura en Cuba" es la depuración de los valores pictóricos de la isla. Tiene una novelita, "Belén el Aschanti", de ambiente colonial y fervor primerizo. Todo esto parece haberlo olvidado él mismo, ahora que se prepara para sus mejores tareas.

 La biblioteca de Mañach, varia, cuatrilingüe, es a la vez un museo. Allí, en aquel ambiente cordial y sano, nos reuníamos últimamente, cuando la vigilancia oficial se extremaba, además de los exeditores de la suspensa Revista de Avance, Mariano Brull, Luis Baralt, Eugenio Florit, Emilio Ballagas y, accidentalmente, algún otro. Allí se hablaba de arte y de política. A veces se abría la puerta y asomaba allí un pequeño Jorge Mañach, de melena rubia, que interrumpía la discusión. Mañach entonces lo sentaba en su rodilla y decía:

 —Esta es mi mejor obra. 

 

  Fragmento de “Cuba literaria (mi fichero) I”, La Gaceta Literaria, no 116, 15 de enero de 1931.

domingo, 11 de octubre de 2026

sábado, 10 de octubre de 2026

Estampas de San Cristóbal por Martí Casanovas



Diario de la Marina, 23 de febrero 1927, p. 16. 




miércoles, 7 de octubre de 2026

Luján Siboney



 
Diario de la Marina, 27 de marzo, 1927. 


lunes, 5 de octubre de 2026

Estampas de San Cristóbal por J. B.

 



  “Jorge Mañach- Estampas de San Cristóbal”, J. B., sección Pequeñas notas bibliográficas de Suplemento Literario del Diario de la Marina, 13 de marzo 1927, p. 34. 


domingo, 4 de octubre de 2026

Baedeker ilusionado



Avance, 30 de abril de 1927; y, Repertorio Americano, 16 de julio 1927. 


sábado, 3 de octubre de 2026

Estampas de San Cristóbal

 

 Benjamín Jarnés 


 Se publicaron estas "Estampas de San Cristóbal" en "El País" -de La Habana- en 1925. A veces realizan con garbo una intención puramente plástica. Firmes colores, graciosos perfiles. Otras, sobrepasan el propósito enunciado en el título y penetran francamente en terrenos sólo tangenciales al arte.

 En la menuda crónica ciudadana, en la viva inquietud de cada día. No se contenta el autor con trazar sobrios apuntes de muros, de pintorescos tipos, de residuos heroicos -"El Morro", el foso de los laureles, cañones, rocas, ventanas, cafetines, pregones-; añade graves comentarios, agudas anécdotas, al paisaje en bosquejo.

 Quizá la glosa borre un poco la pureza de la "estampa"... Algunos "bodegones" tenían riqueza suficiente para desdeñar subrayados anecdóticos. Aunque también suele acontecer -como en las viejas películas- que el "explicador" agrada más que el film.

  Y lo curioso es que Jorge Mañach se ha dado cuenta de que era más bello prescindir de muchas aportaciones de índole extraplástica y extralírica. Un personaje suyo, Luján, dice:

  "-Todo es abstraerse. Cada día me convenzo más de que el mejor turismo es mirar absolutamente las cosas. Absolutamente, hijo, sin relacionarlas".

  Pero él suele relacionarlas -desparramarlas- demasiado. No siempre, porque alguna vez acierta a recoger bien la luz sobre el objeto, haciéndonos patente la misma entraña.

Está mirando Luján las ranas de mármol del Parque de Maceo, erguidas, de lomo y ancas potentes, de ojos "exorbitados", que acarician tímidamente los chiquillos.

Habla de la belleza de estas ranas que insultan con su chillón humorismo a tantas monumentales "tartas". Lamenta que no sean más viejas y termina:

  "¿Ves ese muchacho montado a la jineta sobre esta rama de acá?... Pues está haciendo obra de estética, hijo mío... Está deteriorando.

 Preferiría -repito- que estos lindos cuadritos se contentasen siempre con serlo. Como se contentan con serlo, los pequeños bodegones de Teniers. Una vez desfila ante Luján un "Bartolo" que parece va a quedar libre de glosa, un precioso "bobo". Pero, ¡ese afán de complicarlo con "el materialismo del siglo", con "los ideales de la vida!"... (Invasión del periodismo en el arte, tan difícil de contener).

  A Jorge Mañach le basta con atender a sus propios principios y a su propio buen gusto. Y de su ágil prosa veremos amputar los peligrosos brotes de elocuencia que tanto "relacionan", que tanto desparraman la visión limpia de las cosas.

                                                                                                            1928

 

 Ariel disperso, Editorial Stylo, México D. F., 1946. pp. 35-37.