jueves, 2 de febrero de 2017

Suicidas cubanos... Lencho Jiménez




 Lorenzo Crescencio Jiménez Bidot nació en La Habana en 1846. Miembro de una notable familia. En 1869 se incorporó al Ejército Libertador, en Camagüey. Fue el principal ayudante del líder independentista Luis de Ayestarán, a quien acompañó en la expedición naval que éste organizara en Nassau, cayendo ambos prisioneros.

 Ayestarán fue condenado a muerte, mientras Jiménez Bidot salvó la vida a última hora al obtener un indulto del Capitán General.

 Fue deportado a Madrid y tras pasar por varios presidios, se le envío a Ceuta, de donde escapó arrojándose al mar.

 Luego del Pacto de Zanjón se instala en la Habana, dedicándose a los negocios.

 Martí, quien lo visita en la cárcel madrileña a finales de 1874, elogió su temeridad.

 En tanto tal, era respetado en la sociedad habanera.

 El 15 de junio de 1888, mientras compartía con varios amigos en el café Ambos Mundos, sacó un revólver y se disparó a la cabeza.

 Julián de Casal dedicó al suceso una de las crónicas que publicara sin firma en La Caricatura.

 La hizo acompañar de un retrato del suicida.

  

                   “Revista de sucesos” 


                     Julián del Casal



 El suicidio, que desgraciadamente va teniendo tantos adeptos entre nosotros, no puede mirarse, pese a su frecuencia, con la indiferencia con que se mira todo aquello que por su continuidad llega a hacerse costumbre.

 La opinión generalmente sustentada y que prevalece sobre todas, es la de extravío de razón en los suicidas. No rechazamos esta teoría, pero a nuestro juicio deja mucho que desear, porque si bien se observa, no siempre obedecen estos casos a un momento de ofuscación, sino que por el contrario es el fruto de maduras reflexiones.

 Muchas han sido las personas que han preferido la muerte al vilipendio o a ser el blanco de las miradas u objeto de la sátira, y a los que tal piensan no creemos que pueda calificárseles de dementes (…)

 Muchos casos pudiéramos citar (…), si no tuviéramos tan reciente el de Lencho Jiménez Bidot, persona que por su temperamento impetuoso e indomable, supo arrostrar desde muy joven todas las contrariedades por las que un hombre puede pasar, defendiendo siempre su vida con toda la valentía de un héroe a quien jamás impone el peligro.

 Su historia es generalmente conocida en Cuba por la energía y hasta la temeridad con que afrontó los azares de la pasada campaña, en cuya causa figuró entre los primeros por su constancia y arrojo en favor de la causa que defendiera.

 Fue prisionero de guerra y llegó a estar en capilla para ser ejecutado, pero obtuvo indulto conduciéndosele preso como reo político a Madrid; estuvo en varias Cárceles de la Península por la misma causa y al trasladársele al presidio de Ceuta, logró escapar arrojándose al mar.

 Libre ya de sus prisiones y cuando terminó la guerra de Cuba, supo también, debido a su carácter emprendedor, recurrir a su fácil inventiva para proporcionarse los medios de subsistir honradamente, haciendo frente a las necesidades de la vida.

 Este excepcional individuo que tanto se afanó por conservar su existencia ha puesto fin a ella,  a las seis de la tarde del día 15, disparándose un tiro de revólver en momentos en que aparecía estar contento por hallarse en compañía de varios amigos en el café “Ambos Mundos.”

 Como era natural, tan inesperado incidente dejó atónitos a los circunstantes que al pronto no se dieron cuenta del horrible espectáculo que se ofreció a su vista. Cayó al suelo, bañado en su propia sangre, al tiempo que decía con calma: “Así se hace.”

 Fue conducido del lugar del suceso a la casa de socorros de la 1ª demarcación falleciendo allí a los pocos momentos, trasladándosele después al Necrocomio donde a las 9 de la mañana siguiente se le practicó la autopsia resultando de ésta que el proyectil le había fracturado varios huesos del cráneo.

 Dios haya acogido en su seno el alma del infortunado suicida, y dé resignación a su viuda e hijos para soportar tan rudo golpe.

 El retrato de Lencho que publicamos nos ha sido facilitado por un amigo suyo.



 “La caricatura”, 23 de junio de 1888. Crónica escrita por Julián del Casal, identificada por Francisco Morán: Julián del Casal o los pliegues del deseo, Madrid, Editorial Verbum, 2008, pp. 200-201.