miércoles, 1 de febrero de 2017

Suicidas cubanos… Joaquín Limendoux





 Director de la Caja de Ahorros, Descuentos y Depósitos de La Habana, durante décadas la empresa de crédito más segura de la colonia, al servicio de sector agroindustrial y bajo control de una Junta de Accionistas que presidiera durante años el Conde de Cañongo.

 En ella depositaban sus ahorros numerosos profesionales y, en menor medida, dependientes y obreros. Hacia l850, a diez años de fundada, contó entre sus depositantes con hasta un 13 % de esclavos, sobre todo urbanos, quienes intentaban comprar su libertad.

 Limendoux fue nombrado director de la Caja aproximadamente en 1873. La quiebra del banco, una década más tarde, llevó a la ruina a no pocos hacendados y comerciantes. Como consecuencia, Limendoux se quitó la vida de un disparo en la sien, el 4 de marzo de 1884.

 Entre quienes perdieron sus ahorros se encontraba el médico y escritor Esteban Borrero, quien alude a los hechos en una carta.

 Fue un año de baja notable en los precios del azúcar.

 Les dejo con una crónica sobre el suicida en cuestión. 




                 “Terrible desgracia” 


  Esta tarde, poco después de las tres, ha muerto por su propia mano el señor don Joaquín Limendoux, Director de la Caja de Ahorros, Descuentos y Depósitos de esta capital. Según se dice, trabajaba tranquilamente en su escritorio cuando se le vio levantar y dirigirse a un cuarto reservado de la casa, sin que nada en su aspecto revelase la terrible resolución que lo impulsaba, y que llevó a cabo disparándose un revólver en la sien derecha, que le produjo instantáneamente la muerte. El cadáver fue reconocido por los doctores Tomás Plasencia, Yarini y Bango, y el Juzgado de primera instancia queda constituido en el lugar del suceso a la hora en que escribimos estas líneas…

 La triste nueva causará penosísima impresión en todas las clases de nuestra sociedad, donde se apreciaban debidamente las dotes extraordinarias de moralidad, inteligencia y rectitud que adornaban al desgraciado Director de la Caja para sus numerosos amigos…

 Momento de inexplicable extravío, acaso por uno de esos arrebatos a que solo obedecen las almas donde siempre han tenido culto el pundonor y la honradez.

 Solo añadiremos que era el señor don Joaquín Limendoux de esos hombres tallados en la madera de los héroes y de los mártires. Su gran corazón aumentaba la falange de los que piensan que no es la humanidad tan mala como se complacen en pintarla los pesimistas…

 Cuba ha perdido en él uno de sus hijos que más la honraban; nosotros, un amigo del alma.



 “El Triunfo”, 5 de marzo de 1884. (Reproducida en Revista de Cuba, 1884, pp. 283 y 284). 


 Pedro Marqués de Armas