domingo, 3 de julio de 2011

Charada China




  Roger Caillois

 Un asombroso ejemplo lo ofrece el éxito de la Charada China (Rifa Chiffá) en Cuba. Esa lotería, “cáncer incurable de la economía popular”, según la expresión de Lydia Cabrera, se juega por medio de una figura de chino dividida en treinta y seis partes, a las cuales se asigna igual número de signos, seres humanos, animales o alegorías diversas: el caballo, la mariposa, el marino, la monja, la tortuga, el caracol, el muerto, el barco de vapor, la piedra preciosa (que se puede interpretar como una mujer bonita), el camarón (que es también el sexo masculino), la cabra (que también es algo sucio, además del órgano sexual femenino), el mono, la araña, la pipa, etc., (1). La banca dispone de una serie correspondiente de viñetas de cartón o de madera. Saca o hace sacar una al azar, que envuelve en un pedazo de tela y expone a las miradas de los jugadores. La operación se llama “colgar al animal”. Acto seguido, procede a la venta de los juguetes, cada uno de los cuales lleva el carácter chino que designa tal o cual figurilla. Entretanto, algunas comparsas van por las calles tomando las apuestas. A la hora señalada, se descubre el emblema envuelto y se entrega a los ganadores treinta veces su apuesta. La banca concede el diez por ciento de sus ganancias a sus agentes.
 El juego se presenta así como una variante más gráfica de la ruleta. Pero si en la ruleta son posibles todas las combinaciones entre los diferentes números, los símbolos de la Rifa Chiffá se reúnen según afinidades misteriosas. En efecto, cada cual posee o no uno o varios compañeros o ayudantes. Así, el caballo tiene como compañera a la piedra preciosa y como ayudante al pavo real, el pez grande como compañero al elefante y como ayudante a la araña. La mariposa no tiene compañero, pero sí tiene a la tortuga como ayudante. En cambio, el camarón tiene por compañero al venado, pero no tiene ayudante. El venado tiene tres compañeros, el camarón, la cabra y la araña, pero no tiene ayudante, etc. Naturalmente, lo indicado es jugar a la vez al símbolo escogido, a su compañero y a su ayudante.
 Además, los treinta y seis emblemas de la lotería se agrupan en seis series (o cuadrillas  desiguales): los comerciantes, los elegantes, los borrachos, los mendigos, los caballeros y las mujeres. De nuevo, los principios que determinaron la distribución se antojan de lo más oscuros: por ejemplo, la serie de los curas se compone del pez grande, de la tortuga, de la pipa, de la anguila, del gallo, de la monja y del gato; la de los borrachos, de la muerte, del caracol, del pavo real y del pez chico. El universo del juego está reñido por esa extraña clasificación. Al principio de cada partida, y luego de haber “colgado al animal”, la banca anuncia una adivinanza (charada) destinada a guiar (o a confundir) a los participantes. Se trata de alguna frase de significado equívoco, como la siguiente: “Un hombre a caballo camina muy lentamente. No es tonto, pero está borracho y con su compañero gana mucha plata” (2). El jugador hace entonces conjeturas sobre si debe jugar a la serie de los borrachos o a la de los caballeros. También puede apostar al animal que encabeza a la una o la otra. Pero sin duda es alguna palabra señalada con menor claridad la que da la clave de la adivinanza.
 En otra ocasión, la banca declara: “Quiero hacerles un favor. El Elefante mata al cerdo. El Tigre lo propone. El Venado va a venderlo y se lleva el paquete”. Un viejo jugador explica que basta con reflexionar: “El Sapo es brujo. El Venado es ayudante del brujo. Lleva el paquete maléfico. Éste contiene la brujería que un enemigo ha hecho a alguien.  En ese caso, el Tigre contra el Elefante. El Venado sale con el paquete. Va depositarlo donde le dijo el brujo. ¿Acaso no está claro? ¡Buena jugada!  Se gana con el 31, con el Venado, porque el Venado sale corriendo”.
 El juego es de origen chino (3). En China, una alusión enigmática a los textos tradicionales hacía las veces de charada. Después del choteo, un letrado se encargaba de justificar la verdadera solución, apoyándose en citas. En Cuba, lo que se necesita para la interpretación correcta de las charadas es el conocimiento general de las creencias de los negros. La banca anuncia: “Un pájaro pica y se va”. Nada más transparente: los muertos vuelan, el alma de un muerto es comparable a un ave porque puede introducirse donde quiere en forma de lechuza, existen almas en pena, hambrientas y rencorosas. “Pica y se va”: es decir, causa la muerte inesperada de un ser vivo que no lo sospechaba. Entonces, es conveniente jugar al 8, a la muerte.
 El “perro que muerde todo” es la lengua que ataca y calumnia; la “luz que alumbra todo” es el 11, el gallo que canta al salir el sol; el “rey que todo lo puede”, el 2, la mariposa que también es el dinero; el “payaso que se pinta en secreto”, el 8, que es el muerto al que se cubre con una mortaja blanca. Esta vez, la explicación sólo es válida para los profanos. En realidad, se trata del iniciado (ñampe o ñáñigo muerto), durante una ceremonia secreta, el sacerdote le traza en efecto signos rituales con una tiza blanca en el rostro, las manos, el pecho, los brazos y las piernas (4).
 También una compleja clave de los sueños ayuda a presentir el número ganador. Sus combinaciones son infinitas. Los datos de la experiencia se distribuyen entre los números fatídicos. Estos llegan hasta el 100, gracias a un libro que se deposita en la banca de la Charada y se puede consultar por teléfono. Ese repertorio de correspondencias ortodoxas da lugar a un lenguaje simbólico considerado “muy útil de conocer para penetrar en los misterios de la vida”. En todo caso, la imagen con frecuencia termina sustituyendo al número. En casa del tío de su mujer, Alejo Carpentier ve a un muchacho negro hacer una suma: 2+9+4+8+3+5=31. El muchacho no anuncia los números sino que dice: “Mariposa, más elefante, más gato, más muerte, más marino, más monja igual a venado”. Asimismo, para significar que 12 entre 2 igual a 6, dice: “Puta por mariposa igual a tortuga”. Los signos y las concordancias del juego se proyectan a la generalidad del saber.
 La Charada China se halla suficientemente difundida, aunque prohibida por el artículo 355 del Código Penal de Cuba. Desde 1879 se han elevado numerosas protestas contra sus daños. Los obreros sobre todo arriesgan el poco dinero que poseen, y, como dice un autor, pierden en ella hasta el alimento de los suyos. Por necesidad no juegan mucho, pero lo hacen sin cesar, pues se “cuelga al animal” cuatro o seis veces al día. Se trata de un juego en el que el fraude es relativamente fácil. Como la banca conoce la lista de apuestas, por poco hábil que sea, nada le impide cambiar, en el momento de descubrirlo, el símbolo en que las apuestas se acumularon peligrosamente por otro, más o menos desdeñado (5).
  En todo caso, honrados o no, se considera que los banqueros rápidamente hacen fortuna. En el siglo pasado, se dicen que ganaban hasta cuarenta mil pesos diarios, uno de ellos volvió a su país con un capital de doscientos mil pesos de oro. En la actualidad, se calcula que existen en la Habana cinco grandes organizaciones de Charada y más de doce pequeñas. En ellas se juegan más de doscientos mil dólares diarios (6).

Notas
1) Los mismos símbolos se encuentran en un juego de cartas utilizado en México para los juegos de dinero, cuyo principio es semejante al del loto.
2) Rafael Roche: La policía y sus misterios en Cuba, La Habana, 1914, pp. 287-293.
3) Sabido es que, junto a San Francisco, la Habana tiene una de las aglomeraciones chinas más importantes fuera de China.
4) De una comunicación de Lydia cabrera.
5) Rafael Roche, ob.cit. p. 293.
6) De una comunicación de Alejo Carpentier y de acuerdo con documentos suministrados por él mismo. 
(Texto de 1962)
Roger Caillois: Los juegos y los hombres. La máscara y el vértigo; trad. Jorge Ferreiro. Fondo de Cultura Económica, México, 1986, pp. 244-250.